Apacigua tu paz

«Apacigua tu ser interior para que Costa Rica pueda votar en paz«

Desde el inicio de Apacigua tu ser interior hemos trabajado por algo muy concreto y profundamente humano: mantener la calma en medio del ruido, la paz en medio de la confrontación, la serenidad en un escenario político que constantemente invita al pleito, al insulto y a la deshumanización del otro.

Hemos insistido —una y otra vez— en la importancia de votar en paz, de pensar el voto, de no dejarse arrastrar por el enojo ni por la provocación, incluso frente a ataques reiterados y sistemáticos de quienes defienden el continuismo con una pasión que muchas veces no admite preguntas ni matices.

Hoy, la segunda parte de nuestro lema cobra más sentido que nunca: para que Costa Rica pueda respirar en paz.

Costa Rica no puede respirar en paz si normalizamos prácticas que debilitan la democracia. No puede respirar en paz cuando se minimizan señales claras de deterioro institucional. No puede respirar en paz cuando se ignoran advertencias serias, documentadas y visibles sobre los riesgos que enfrenta nuestro sistema democrático.

No se trata de ideologías. No se trata de bandos. Se trata de algo mucho más profundo: la posibilidad real de que estas elecciones marquen un punto de no retorno. La historia de otros países nos ha mostrado que la democracia no se pierde de golpe, sino paso a paso, decisión a decisión, voto a voto.

He hecho llamados a la calma. A detenerse. A pensar. A tomarse cinco minutos para analizar el poder que cada persona tiene en su voto. A preguntarse no solo qué me prometen, sino qué estoy dispuesto a poner en riesgo. Y, aun así, veo con preocupación cómo muchos han decidido no cuestionar, no contrastar, no reflexionar.

Votar sin pensar no es un acto de libertad. Es un acto de renuncia. Votar sin analizar no es valentía. Es delegar el futuro a otros sin asumir responsabilidad.

No es cierto que “todo el pueblo” piense igual. No es cierto que exista un apoyo masivo e incuestionable. Pero sí existe un grupo suficientemente grande como para inclinar la balanza de un país entero, y eso debería, al menos, invitarnos a una pausa consciente.

Cuando dentro de algunos años se evalúen las consecuencias de estas decisiones, todos —sin excepción— viviremos los resultados. Nadie quedará al margen. La historia no distingue entre quienes advirtieron y quienes prefirieron no escuchar.

Este no es un llamado al odio. No es un llamado al insulto. Es un llamado urgente a la conciencia.

Apaciguar el ser interior no es cerrar los ojos. Es abrirlos con serenidad. Votar en paz no es votar sin pensar. Es pensar profundamente antes de decidir. Costa Rica merece eso.
Y tú, con tu voto, tienes más poder del que imaginas.

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