Queridos costarricenses, hoy quiero dirigirme a ustedes con todo el respeto y el cariño que siento por nuestra tierra. Les hago una invitación sencilla: antes de decidir su voto, tómense un momento de paz. Siéntense en un lugar tranquilo, regálense cinco minutos para pensar en silencio por qué eligieron a ese candidato. Pregúntense qué esperan de la próxima administración, cómo creen que podría ser el futuro del país con esa decisión.
No se trata solo de “piénsalo”, sino de realmente darte un método. Respira profundo, cierra los ojos un instante y revisa si tu intención de voto nace desde el amor, la paz y la esperanza, o si viene desde el enojo, la furia o el resentimiento. Si descubres que estás votando desde la rabia, probablemente este mensaje te incomode, y está bien. Pero si estás votando porque crees, de verdad, que es lo mejor para el país, estoy seguro de que podrás darte estos minutos de revisión interna.
Tal vez, después de hacerlo, reafirmes tu decisión. Tal vez aparezcan dudas. Ambas cosas están bien. No te estoy pidiendo necesariamente que cambies tu voto —yo no voy por esa línea—, solo te pido que te asegures de que ese voto sea realmente el que quieres. Si quedan dudas, deja el tema en pausa y vuelve a revisarte dentro de unos días. Eso también es consciencia.
Al final, lo importante es que tu voto, sea para quien sea, nazca desde el amor, la paz y la esperanza de buscar lo mejor para nuestra patria, y que nunca, en ningún caso, sea desde el resentimiento, el odio o la contienda.
