La mayor recicladora política

La recicladora más grande que hemos tenido en Costa Rica no ha sido un partido histórico ni una vieja estructura. Ha sido el oficialismo. Un espacio donde no importa el estado en que lleguen algunos políticos, ni su pasado, ni las prácticas que los rodearon. Ahí todo se reutiliza, se reacomoda y se justifica.

Para quienes señalan la corrupción del Partido de Liberación Nacional como argumento automático, vale la pena hacer una pausa y mirar con más atención. Muchos de los nombres que durante años fueron cuestionados ya no forman parte de ese partido. Y varios de ellos, curiosamente, hoy orbitan cerca o dentro del oficialismo, según ha sido señalado públicamente.

Entonces la pregunta no es si hubo o no problemas en Liberación Nacional. Esa discusión ya se ha dado. La pregunta real es: ¿a dónde fueron a parar quienes cargaban esos cuestionamientos?

Porque si decides señalar la corrupción como bandera moral, también deberías seguir el rastro de quienes la encarnaron. De lo contrario, no estás denunciando prácticas, estás repitiendo un discurso conveniente.

La corrupción no tiene colores fijos. Pero la incoherencia sí se nota.

Y cuando los mismos nombres reaparecen bajo nuevas siglas, el problema deja de ser histórico y se vuelve actual.

Señalar exige coherencia. Y la coherencia empieza por mirar dónde están hoy los que dices condenar.

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