Estarás de acuerdo conmigo en algo básico. El candidato o la candidata que escogiste, la persona por la que vas a votar, no la elegiste al azar. Para vos es alguien correcto, con ideas, con propuestas, con preparación y con una intención clara de salvar el país, de rescatar lo que tenemos, de hacerlo crecer, de hacerlo mejor, de procurar una vida más digna y más cómoda para todos.
Partamos de esa premisa.
Si para vos tu candidato o candidata reúne esas cualidades, no es lógico pensar que solo el tuyo las tenga. Es muy probable que el candidato que otra persona escogió también sea, a sus ojos, una persona íntegra, bien intencionada y preparada. No porque todos piensen igual, sino porque todos votamos desde nuestras convicciones, nuestros miedos, nuestras esperanzas y nuestra lectura del país.
Por eso vale la pena detenernos un momento.
Los candidatos y candidatas están poniendo su vida en la mesa pública. No solo su nombre. También están exponiendo a sus hijos, a sus parejas, a sus hermanos, a sus padres. Están aceptando una carga que no es menor. Se someten al escrutinio, a la crítica, a la presión constante, muchas veces al ataque injusto. Eso, independientemente de si te gustan o no, merece respeto.
Apoyemos a nuestro candidato. Hablemos bien de él o de ella. Expliquemos por qué creemos que es la mejor opción. Invitemos a otros a escucharlo, a leer sus propuestas, a conocerlo mejor. Hagamos política desde lo positivo, desde lo propositivo, desde la convicción.
Pero no ofendamos al resto.
No ataquemos.
No causemos dolor innecesario.
No ataquemos a los hijos de nadie.
No ridiculicemos la forma de presentarse de otros.
No cuestionemos intenciones como si pudiéramos leer el corazón ajeno.
Eso no suma. Eso no convence. Eso solo deja heridas.
Costa Rica no necesita una campaña basada en el desprecio. Necesita una campaña basada en el respeto, en la conversación, en la capacidad de disentir sin destruirnos. Podemos pensar distinto sin dejar de ser vecinos, amigos, familia, país.
Seamos firmes, sí.
Seamos claros, también.
Pero seamos pura vida.
Porque al final del día, gane quien gane, vamos a seguir viviendo juntos en el mismo país. Y la forma en que caminemos esta campaña va a marcar, para bien o para mal, la Costa Rica que viene después.