16 – Navidad en el campo

Serie: El campo se levanta

La Navidad llega al campo de una forma distinta. No llega con vitrinas iluminadas ni con música a todo volumen. Llega despacio, como llegan casi todas las cosas importantes en tu vida. Llega cuando el cuerpo ya viene cansado del año, cuando las manos han trabajado más de lo que muchos imaginan, cuando la tierra ha dado lo que pudo dar y también ha negado algunas cosas que dolieron. La Navidad te encuentra así: real, sin adornos, con historia en la espalda.

Tú sabes que en diciembre no todo se detiene. La tierra no entiende de feriados ni de celebraciones. Las plantas siguen creciendo, el clima sigue cambiando, las preocupaciones no se van de vacaciones. Aun así, hay algo que cambia por dentro. Hay un silencio distinto en las madrugadas. Hay una pausa pequeña, aunque sea breve, donde respiras hondo y miras alrededor. Tal vez no hay lujos, tal vez no hay regalos grandes, pero hay algo más fuerte: la conciencia de haber llegado hasta aquí.

Esta Navidad te encuentra habiendo resistido. Resistido precios que no ayudaron, climas que golpearon, decisiones tomadas lejos de la finca, cansancios que se acumularon. Te encuentra habiendo seguido adelante incluso cuando otros no entendieron tu esfuerzo, cuando otros se burlaron de tus herramientas, cuando otros olvidaron que tu trabajo sostiene mesas enteras en este país. Y, aun así, tú seguiste. Eso también es Navidad.

Quiero que en estos días recuerdes algo importante: tu trabajo tiene sentido. Cada semilla que sembraste, cada madrugada que aguantaste, cada pérdida que dolió y cada cosecha que lograste forman parte de una historia mucho más grande que tú mismo. Una historia que alimenta familias, que sostiene comunidades, que mantiene vivo a un país entero sin hacer ruido. Aunque a veces no te lo digan, aunque muchas veces no lo vean, tu labor importa.

Navidad también es momento de reconocerte. De darte permiso de sentir orgullo por lo que has hecho. De mirar a tu familia, a tu gente cercana, y saber que gracias a tu esfuerzo hubo comida, hubo mesa, hubo sustento. No todo fue fácil, pero aquí estás. Y eso ya dice mucho. El campo no forma personas débiles; forma personas firmes, pacientes, profundas. Personas como tú.

Desde esta serie quiero decirte algo con claridad y sin rodeos: no estás solo. Te vemos. Te respetamos. Te agradecemos. Esta Navidad no es solo un saludo; es un abrazo sincero para ti y para todos los agricultores costarricenses que, aun cansados, aun golpeados, siguen sembrando vida.

Que estos días traigan un poco de calma al corazón, un poco de descanso al cuerpo y un poco de esperanza para el año que viene. Que la Navidad te recuerde que tu trabajo es digno, necesario y profundamente valioso.

Feliz Navidad.
El campo se levanta. Y tú eres parte de eso.

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