CPTPP-3 / Votar también es cuidar lo que te da de comer

Idealmente, todas las personas votaríamos siempre con una visión país amplia, abstracta, casi perfecta. Pensando en el largo plazo, en el bien común, en el equilibrio general. Eso sería lo deseable. Pero también sería poco honesto ignorar una verdad simple: cuando una decisión política afecta directamente tu actividad, tu comunidad o tu zona, es natural —y legítimo— que mires desde ahí.

Si produces alimentos, si tu economía familiar depende de la finca, del clima y de mercados que no controlas, tu voto no es solo una opinión política. Es una decisión de supervivencia. No estás votando solo como ciudadano; estás votando como productor, como sostén de una actividad que mantiene vivo al país incluso cuando todo lo demás se sacude.

En ese contexto, analizar las opciones de voto desde quién apoya o protege tu actividad no es egoísmo. Es realismo. Porque, aunque los discursos hablen de progreso, modernización o apertura, los impactos no caen igual sobre todos. Hay sectores que resisten mejor los cambios bruscos. El agro, especialmente el pequeño y mediano, no siempre tiene esa espalda.

Por eso, cuando aparece un tema como el CPTPP, no basta con escuchar promesas generales. Hay que mirar quién está dispuesto a comprometerse por escrito, quién entiende que abrir mercados sin protección puede significar que muchas fincas desaparezcan lentamente, sin hacer ruido.

Si tú fueras agricultor —y muchos que leen esto lo son—, tendría todo el sentido del mundo que pongas tu mirada en los candidatos que asumieron el compromiso de no firmar nuevos acuerdos comerciales, incluyendo este. No porque todos piensen igual, sino porque están diciendo algo concreto: no dejarte solo frente al mercado global.

Eso no significa votar a ciegas ni entregar un cheque en blanco. Significa observar trayectorias, coherencias y comportamientos. Significa entender que, cuando una actividad tan sensible como la agricultura está en juego, la experiencia y la previsibilidad también cuentan.

Votar considerando quién cuida tu sector no te hace menos ciudadano. Te hace un ciudadano consciente del impacto real de las decisiones. Porque cuando una finca cierra, no se pierde solo un negocio. Se pierde producción local, autosuficiencia, resiliencia ante emergencias y tejido social.

El país necesita visión general, sí. Pero también necesita escuchar a sus territorios. Y el campo tiene todo el derecho de decir: mi voto va con quien entiende lo que está en juego.

Personalmente, si yo fuera agricultor y aun entendiendo la importancia de una visión país —aunque reconozco que a ratos ese análisis se vuelve complejo cuando lo que está en juego es tu propia actividad—, me inclinaría por algo muy concreto y razonable: seleccionar tres nombres de esa lista y seguirles la trayectoria con atención. Escuchar lo que dicen, pero sobre todo observar lo que hacen, cómo se mueven, a quién escuchan y con qué coherencia sostienen sus compromisos en el tiempo.

En esa selección, yo incluiría personas que ya se han escuchado en el ambiente nacional costarricense, con recorrido público y antecedentes visibles, dejando de lado a los nombres totalmente nuevos o emergentes. No por descalificarlos, sino porque cuando la agricultura está en juego, la experiencia también protege. Elegir con calma, con información y con seguimiento, da más autoridad al voto y reduce el margen de error.

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