Tú conoces la tierra. Conoces los ciclos, el clima, los años buenos y los años duros. Sabes que producir no es solo sembrar y cosechar, sino resistir, adaptarte y volver a intentar cuando algo falla. Por eso este texto no es técnico ni político. Es directo. Porque el tema del Transpacífico sí te toca, aunque muchas veces te lo expliquen como algo lejano.
El CPTPP es un acuerdo que abre el mercado agrícola costarricense a productos de países que producen en escalas enormes, con subsidios fuertes y costos mucho más bajos que los tuyos. No porque trabajen mejor, sino porque juegan en otra liga. Cuando esos productos entran, el precio baja. Pero tus costos no bajan. La electricidad, los insumos, las cargas sociales, el transporte y el clima siguen siendo los mismos.
A ti no te dicen que “vas a desaparecer”. Te dicen que “tienes que competir”. Pero competir, en esas condiciones, muchas veces significa aguantar hasta donde se pueda. Significa trabajar más para ganar menos. Significa endeudarte. Significa preguntarte si vale la pena seguir, o si tus hijos van a querer quedarse en el campo cuando ven que el esfuerzo no alcanza.
Este tratado no se siente el primer año. Se siente con el tiempo. Cuando el margen se achica. Cuando la finca deja de ser rentable. Cuando el joven se va porque no ve futuro. Cuando la tierra se vende o se abandona. No pasa de golpe. Pasa despacio, y por eso es peligroso.
Hay algo más que casi nunca se dice con claridad, y tú lo entiendes mejor que nadie: la producción local es parte de la seguridad del país. Cuando hay una emergencia grande —un terremoto, una inundación, un evento climático fuerte— Costa Rica no sale a buscar comida afuera. Depende de lo que ya está sembrado aquí. Depende de ti. Si el país deja de producir, queda expuesto. No es ideología. Es realidad.
Algunos dicen que el comercio siempre trae beneficios. Y a veces es cierto. Pero esos beneficios no llegan igual a todos. Hay quienes exportan, quienes tienen capital, quienes pueden reconvertirse. Pero el agricultor pequeño y mediano muchas veces queda solo frente al mercado. Y cuando pierde, no pierde una inversión: pierde su forma de vida.
Estar en contra del Transpacífico no es estar en contra del progreso. Es pedir reglas justas, protección inteligente y una visión de país que entienda que la agricultura no es un estorbo ni un atraso, sino una base. Un país que no cuida a quien lo alimenta, se debilita sin darse cuenta.
Este no es un llamado a pelear. Es un llamado a entender, a informarte y a levantar la voz con claridad. Porque si tú no hablas de lo que pasa en el campo, otros van a decidir por ti desde escritorios donde la tierra no se pisa y la cosecha no se juega.
La pregunta no es si el mundo cambia. Eso siempre pasa.
La pregunta es si Costa Rica va a cambiar dejando atrás a sus agricultores, o caminando con ellos.
