Vivimos tiempos intensos. Tiempos de ruido, de opiniones encontradas, de emociones fuertes. En medio de todo eso, a veces se nos olvida algo esencial: el voto no es un favor que se le hace a un candidato, es un acto de responsabilidad con el país.
Costa Rica ha construido su historia a través de la participación ciudadana. Con errores, con aciertos, con momentos difíciles y otros luminosos, pero siempre con un principio claro: las decisiones importantes se toman en las urnas. No en redes sociales, no en cadenas de mensajes, no desde la comodidad de la queja, sino ejerciendo el derecho y el deber de votar.
Abstenerse no es neutral. Quedarse en casa no es una posición cómoda ni inofensiva. Cuando una persona decide no votar, está dejando que otros decidan por ella. Está renunciando a una herramienta que generaciones anteriores defendieron con esfuerzo, convicción y sacrificio. El voto no es perfecto, pero es el mejor instrumento que tenemos para corregir rumbos sin violencia, sin imposiciones y sin perder libertades.
Es comprensible que muchas personas se sientan cansadas, decepcionadas o confundidas. La política, como reflejo de la sociedad, también tiene sombras. Pero precisamente por eso es más importante participar, no menos. El desencanto no se combate con silencio, se combate con conciencia.
Votar implica informarse, comparar, escuchar distintas posiciones y tomar una decisión propia. No la del grupo, no la del miedo, no la del enojo. La propia. Y hacerlo con respeto por quienes piensan distinto, entendiendo que la democracia no es unanimidad, sino convivencia en la diferencia.
En estas elecciones no se elige solo un nombre o un partido. Se define el rumbo institucional del país, la forma en que resolvemos nuestros conflictos y el tipo de sociedad que queremos seguir siendo. Defender el voto es defender la posibilidad de seguir decidiendo en libertad.
Por eso, el llamado es simple y profundo a la vez: levantate y votá. No por obligación, sino por convicción. No por presión, sino por responsabilidad. Votá pensando en el presente, pero también en el futuro. En tus hijos, en tus nietos, en quienes vendrán después.
Costa Rica se construye cada cuatro años, una papeleta a la vez. Y esa construcción necesita de vos.
Vinicio Jarquín Cedeño
