Cuando no votar también es una decisión

Si hoy estás pensando en no votar, es muy probable que tengás razones. Nadie llega al abstencionismo por pereza pura ni por desinterés absoluto. La mayoría llega ahí cansado, decepcionado, desconfiado o herido. Tal vez votaste antes y sentís que nada cambió. Tal vez sentís que te prometieron mucho y te dieron poco. Tal vez la política te agotó emocionalmente.

Eso es comprensible. De verdad lo es.

Pero vale la pena detenerse un momento y preguntarse algo más profundo: ¿qué fue exactamente lo que te trajo hasta aquí? ¿Fue una persona? ¿Un gobierno? ¿Una experiencia puntual? ¿O fue la acumulación de muchas pequeñas frustraciones que te hicieron sentir que tu voto no valía?

Pensarlo no es para culparte. Es para entenderte.

Porque cuando entendés por qué no querés votar, también podés preguntarte si esa razón sigue siendo suficiente hoy. No para justificar al sistema, sino para evaluar el momento que estamos viviendo. Hay elecciones que pasan casi sin ruido. Y hay otras que marcan un antes y un después. Esta es una de esas.

No votar puede sentirse como una forma de protesta. Pero en la práctica, no votar no castiga a nadie en particular. Solo reduce la cantidad de voces que deciden. Y cuando menos gente decide, más poder se concentra en menos manos. Eso no es teoría política: es una realidad histórica.

Votar no significa que todo se va a arreglar. Significa algo más básico y valioso: seguir teniendo el derecho de elegir. Seguir viviendo en un país donde podés estar de acuerdo o en desacuerdo sin miedo. Donde podés criticar, cuestionar, cambiar de opinión y volver a votar distinto la próxima vez.

Tal vez hoy no sentís entusiasmo. Tal vez no estás enamorado de ningún candidato. Está bien. El voto no siempre nace del entusiasmo; muchas veces nace de la responsabilidad. De entender que, aun con imperfecciones, la democracia se cuida participando, no abandonándola.

Si llegaste al abstencionismo por cansancio, date la oportunidad de descansar después de votar. Si llegaste por enojo, convertí ese enojo en una decisión consciente. Y si llegaste por desconfianza, recordá que el voto no es un acto de fe en personas, sino un acto de compromiso con el país.

No votar es una decisión. Pero votar, hoy, puede ser una decisión más poderosa.

Vinicio Jarquín Cedeño

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio