Apacigua tu ser interior empezó como una idea sencilla. Una intuición. Algo que sentí necesario en un momento de mucho ruido y mucha tensión. No tenía claro hasta dónde podía llegar ni cuánto iba a durar. Solo sabía que quería caminar con calma y ofrecer un espacio distinto, más humano, más respirable. Con el tiempo, la gente empezó a acercarse, a seguir, a quedarse. Y esa idea, sin darme cuenta, empezó a tomar cuerpo.
Luego llegaron manos. Personas que se ofrecieron a ayudar sin pedir nada a cambio. Se armó un equipo, casi sin plan previo, con una energía muy honesta. Beatriz Fernández tomó la organización con una claridad y una entrega enormes, y gracias a ella fue posible el Encuentro cívico cultural por la paz. Hannia Ríos se incorporó como asistente y ha sido un apoyo constante, presente y cuidadoso. Y hubo muchas otras personas que ayudaron de formas distintas, silenciosas, generosas, sosteniendo cuando hacía falta.
Al principio no sabíamos hasta dónde íbamos a llegar juntos. Tal vez solo hasta una fecha concreta y luego cada quien seguiría su camino. Tal vez algunos se quedarían si el recorrido se alargaba. Era una pregunta abierta, sin respuesta. Recuerdo haberlo conversado con Hannia, y ella me dijo algo que se me quedó grabado: que me acompañaría en la vida, hasta donde tuviéramos que llegar. No como promesa grandilocuente, sino como presencia real.
Hoy veo que algo parecido está pasando con más personas. Hay un reagrupamiento natural, sin apuro, sin consignas. Seguimos como equipo, como movimiento humano, atentos a lo que vaya surgiendo. No para empujar nada, sino para acompañar lo que se mueva desde adentro. Estamos trabajando también en una nueva imagen para Apacigua tu ser interior, que pronto voy a mostrarles, junto con una propuesta de apaciguamiento más amplia, pensada para todos, sin confrontación ni urgencia.
Quiero decir algo con claridad, porque me lo comentaron hoy más de una vez: no me voy. Alguien dijo que yo había dicho que cerraría las redes o que desaparecería, y sinceramente no sé en qué momento di esa impresión. Si lo hice, no fue mi intención. Yo sigo aquí. No los voy a dejar solos. Sé que este espacio importa, que el grupo se disfruta, que hay algo que se cuida entre todos. Y también sé que yo los necesito a ustedes.
Esto ya no es solo una idea. Es un vínculo. Y los vínculos, cuando son reales, no se cierran de golpe. Se transforman, se acomodan, se cuidan. Yo sigo aquí con ustedes, con más calma, con más conciencia, y con el compromiso de seguir acompañando, paso a paso, lo que venga.