Aquí sigo

Hoy no escribo para explicar nada ni para analizar resultados. Escribo para decirte algo mucho más simple y, tal vez por eso mismo, más importante: aquí estoy. Y voy a seguir estando. No desde la urgencia, no desde el ruido, no desde la pelea, sino desde ese lugar más humano donde uno se sienta, respira y acompaña.

Perdimos las elecciones. Digo “perdimos” sin dramatismo y sin disfraz, porque así se siente cuando uno camina junto a otros durante meses, cuando pone el cuerpo, el tiempo, la palabra y el silencio al servicio de algo que cree valioso. A mí me pasó. Y seguramente a ti también te pasó algo por dentro estos días, aunque no lo digas en voz alta.

Quiero que sepas que no me voy a desaparecer ahora que el ruido bajó. No voy a correr a otra esquina ni a otro tema como si nada hubiera ocurrido. Tampoco voy a quedarme atrapado en la herida. Mi decisión —consciente, cuidada— es quedarme aquí, acompañando este momento de acomodar las piezas, de volver a la respiración, de reconocer el cansancio y darle un lugar digno.

A veces, después de un golpe colectivo, lo más difícil no es lo que pasó afuera, sino el desorden interno que queda. La mente sigue acelerada, el cuerpo tenso, el corazón confundido. En mi experiencia, forzarse a “estar bien” rápido solo añade más presión. Por eso este espacio cambia de ritmo. No para negar lo vivido, sino para integrarlo sin que nos queme por dentro.

Apacigua tu ser interior no se termina hoy. Se transforma. Pasa de la intemperie al refugio. De la plaza al cuarto tranquilo. De la consigna a la pregunta honesta. Aquí no vamos a señalar culpables ni a revivir batallas. Vamos a aprender —despacio— a regularnos, a tratarnos con más amabilidad, a convivir con lo que hay sin perder la dignidad personal.

Si estás triste, estás a tiempo. Si estás cansado, también. Si estás confundido, no estás solo. Este no es un lugar para convencer a nadie ni para empujar procesos. Es un lugar para sentarse un rato, tomar aire y ordenar la casa interior antes de volver a salir al mundo.

Yo sigo acá. Con la misma calma posible, con más humildad que antes y con la certeza de que acompañar también es una forma profunda de compromiso humano.

Decime, con honestidad: ¿cómo estás tú hoy, de verdad?

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