San José, 16 de febrero de 2026

Señora

Doña Laura Fernández Delgado

Presidenta electa de la República de Costa Rica

Señora Fernández:

Le escribo desde la serenidad que deja una elección ya concluida y desde la honestidad de quien no votó por usted, pero reconoce el mandato que el pueblo le ha otorgado. Una parte significativa de la población estaba —y quizá todavía está— inquieta ante su llegada al cargo. Sin embargo, un porcentaje mayor de ciudadanos decidió confiar en usted para conducir el destino de Costa Rica durante los próximos cuatro años. Ese voto, más allá de banderas y emociones, es ahora una responsabilidad histórica.

Hoy usted no representa solo a quienes la apoyaron. Representa también a quienes dudaron, a quienes temieron, a quienes se opusieron y a quienes simplemente observaron en silencio. Esa es la grandeza y el peso de la democracia: el cargo trasciende la campaña.

Tiene usted ante sí una oportunidad extraordinaria. La posibilidad de tender puentes donde hubo fractura. De moderar el tono donde hubo confrontación. De devolverle altura al debate público. De demostrar que la economía puede crecer con responsabilidad social, que la seguridad puede fortalecerse sin sacrificar derechos, que la salud y la educación pueden protegerse con visión de futuro.

Puede pasar a la historia no solo por haber ganado una elección, sino por la manera en que conduzca el país. Y esa diferencia es enorme. Esta es una gran oportunidad. No la desaproveche.

Desde el cargo más alto de la nación, usted puede rodearse de las mentes más brillantes. Puede escuchar consejos que incomodan. Puede buscar alianzas amplias. Puede aprender de quienes piensan distinto. Puede rectificar cuando sea necesario. Puede pedir ayuda cuando la complejidad lo exija. Puede gobernar con firmeza sin perder humanidad.

Habrá decisiones difíciles. Habrá críticas inevitables. Habrá momentos de presión intensa. Pero también habrá instantes en los que podrá escoger entre el impulso y la prudencia, entre el aplauso inmediato y el legado duradero. Y ojalá, cuando llegue el momento de entregar la banda presidencial, pueda hacerlo con la frente en alto, con respeto nacional e internacional, y con la satisfacción de haber honrado la confianza depositada en usted.

Confío —y lo digo con honestidad— en que usted tiene la capacidad para hacerlo. Más allá de preferencias electorales, deseo que tenga la intención profunda de llevarnos a un mejor puerto. Porque cuando al país le va bien, nos va bien a todos.

Le aseguro con total honestidad que estaré dispuesto a reconocer y aplaudir cada una de sus buenas acciones y de sus buenas medidas, incluso aquellas que en el corto plazo puedan resultar incómodas o impopulares, siempre que respondan a una visión responsable y a la necesidad de fortalecer el país hacia el futuro. Entiendo que gobernar implica tomar decisiones que no siempre serán celebradas de inmediato, pero que pueden ser necesarias para corregir rumbo y rescatar lo que deba ser protegido.

Dirijo el movimiento Apacigua tu ser interior, que actualmente alcanza a cerca de medio millón de lectores entre artículos, reflexiones y plataformas digitales. Desde ese espacio, que ha sido creado para promover calma, conciencia y responsabilidad ciudadana, me pongo a su disposición en aquello en lo que, desde la comunicación y el apaciguamiento social, pueda contribuir a fortalecer la convivencia democrática y el respeto institucional.

Cada acción positiva que observe en su gestión será señalada y comunicada con claridad. Mi compromiso es ayudar a que los costarricenses reconozcan las buenas decisiones cuando ocurran, a que puedan valorar los avances y a que se mantenga un clima de respeto hacia la investidura presidencial, independientemente de las diferencias políticas. Apaciguar no significa aplaudir ciegamente; significa reconocer con honestidad lo que se hace bien y señalar con altura lo que deba mejorarse.

Ojalá dentro de cuatro años pueda caminar por el mundo académico, por organismos internacionales y por foros globales no solo como expresidenta, sino como estadista que supo conducir con equilibrio en tiempos complejos.

Costa Rica no necesita vencedores permanentes ni derrotados eternos. Necesita liderazgo con carácter, sí, pero también con sabiduría. Necesita autoridad con firmeza, pero también con escucha. Necesita resultados, pero también reconciliación.

Esta es su gran oportunidad. Honre a quienes creyeron en usted.
Demuestre que quienes dudaron pueden estar equivocados. Y permita que el país vuelva a sentirse seguro, respetado y esperanzado.

La invito, cordial y humildemente, a que lleve su cargo de manera que, propios y ajenos, nos sintamos orgullosos de que sea nuestra presidente.

Con respeto institucional, Vinicio Jarquín

Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz

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