Un chisme bonito

Déjenme contarles un chisme de algo que sucedió en Apacigua. Un chisme de esos que no alimentan morbo, sino orgullo. En las últimas semanas me han contactado personas de dos países distintos solicitando ayuda para montar en sus naciones algo parecido a lo que hicimos aquí: un movimiento ciudadano de apaciguamiento, de calma, de resistencia serena frente al ruido político.

La propuesta era clara: replicar la idea. Crear una versión local de lo que nació en Costa Rica. Organizar gente, comunicar, generar presencia, equilibrar discursos. Y aunque cualquier proyecto que hable de paz siempre emociona, la respuesta de Apacigua Costa Rica tuvo que ser no.

Primero, porque no hay tiempo ni estructura para sostener algo así fuera de nuestras fronteras. Y segundo —y más importante— porque Apacigua no va a tener injerencia en las políticas internas de otros países. Cada nación tiene su propio proceso, su propio ritmo, su propia historia que resolver.

Solo quería contarles cómo nos ven desde otras tierras. No como un capricho local, sino como una referencia. Y eso, aunque no crucemos fronteras, ya dice mucho de lo que juntos construimos.

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