
Esta mañana asistí a una actividad en la Asamblea Legislativa de Costa Rica, específicamente en el Salón de Jefes de Estado. El encuentro fue organizado por la diputada electa Monserrat Ruiz Guevara y llevaba como eje una conversación sobre derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas. Pero más allá del tema formal del conversatorio, la mañana terminó siendo uno de esos momentos donde la política deja de ser una estructura abstracta y se vuelve humana, cercana, llena de rostros, conversaciones y pequeños encuentros que a veces dicen mucho más que los discursos oficiales.
Todavía sin entrar al salón conocí a Alex Calderón, quien se presentó a sí mismo con una mezcla de entusiasmo y claridad que llamó mi atención de inmediato. Alex se describe como futuro politólogo, futuro economista, futuro abogado y —según sus propias palabras— futuro diputado. Comenzamos a conversar antes de que iniciara la actividad y terminamos pasando prácticamente toda la mañana hablando de temas que iban desde la política hasta el desarrollo personal. Es interesante cuando uno se encuentra con personas jóvenes que todavía están en la etapa de construcción de su camino, pero que ya tienen una visión bastante clara de hacia dónde quieren dirigir su energía. Al final de la actividad le propuse algo que para mí tiene mucho sentido dentro del espíritu de Apacigua tu ser interior: que eventualmente pudiera colaborar o apoyar al movimiento, ya fuera en temas relacionados con el ambiente legislativo o participando en actividades de carácter político o cívico. La idea le gustó. Y es lógico que así sea, porque para alguien que está empezando en estos espacios no es lo mismo llegar a una recepción, una presentación o un conversatorio como simple estudiante que hacerlo representando una plataforma o una causa. Para él podría significar una puerta de entrada interesante, y para nosotros, desde Apacigua, significa algo igualmente valioso: tener ojos y oídos atentos en actividades de este tipo, donde muchas veces se mueve información que no aparece en los titulares de los periódicos.
También tuve la oportunidad de conversar brevemente con don Esteban Vargas, asesor de la diputada Monserrat Ruiz. Fue una conversación corta, pero muy agradable. Le comenté que estoy trabajando en un libro que provisionalmente he titulado “Fármaco Dinámica en la Asamblea Legislativa”, y le pregunté si en algún momento podríamos reunirnos para conversar sobre algunos detalles del funcionamiento interno de la Asamblea que no sean confidenciales, pero que ayuden a entender mejor la dinámica política que se vive dentro de ese edificio. Se mostró muy abierto a colaborar y con una actitud muy amigable, lo cual me dejó una impresión bastante positiva. Siempre es alentador cuando personas que trabajan dentro del aparato legislativo entienden que contar cómo funcionan las cosas —sin traicionar confidencias— también es una forma de fortalecer la cultura democrática.
El conversatorio en sí comenzó con una presentación inicial y luego derivó en una conversación amplia sobre temas relacionados con la mujer en la política y en la sociedad. La actividad organizada por Monserrat Ruiz reunió a varias figuras conocidas del ámbito público. Entre ellas estaban Nuria Marín Desanti, esposa de Antonio Álvarez Desanti; la exvicepresidenta de la República Ana Helena Chacón; la exprimera dama y diputada electa Claudia Dobles Camargo; la escritora y gestora cultural Vicky Ross; así como representantes de las Naciones Unidas. También participaron Vanessa Castro Mora y las diputadas Dinorah Barquero y Kattia Cambronero Aguiluz, entre otras personas.
Con Vicky Ross tuve un encuentro particularmente agradable. Estaba acompañada por su amiga de muchos años, Marcela Guerrero Campos, y entre conversación y conversación terminamos quedando en algo que me parece una combinación perfecta de arte y vida: reunirnos algún día para pintar y cafetear. También quedaron conversaciones pendientes con Dinorah Barquero y con la propia Monserrat Ruiz, lo cual siempre es una buena señal cuando uno sale de este tipo de encuentros.
Hubo además un momento que me pareció especialmente significativo. Cuando Dinorah Barquero terminó su intervención en el podio, caminó hasta la cuarta fila del salón, donde yo estaba sentado, para presentarse y saludarme personalmente. Fue un gesto sencillo, pero muy elegante. Y debo decir que eso fue lo segundo que más me gustó de ella hoy. Lo primero fue escucharla hablar. Tiene una fuerza particular cuando expresa sus ideas, una forma directa de decir lo que piensa que se siente auténtica. Pero el gesto de bajar del podio para acercarse a saludar revela algo que a veces se pierde en la política: la humanidad detrás del cargo. Dichosamente e tomo, al final del evento, muchos minutos para hablar conmigo, y darme la oportunidad de conocerla mejor y seguir apreciando su trabajo, juicio y vida.
Durante la actividad también se aprovechó el espacio para ofrecer una despedida cordial a doña Marlen, quien dejaba la presidencia del Foro de Mujeres Políticas de Costa Rica. Fue un momento breve pero cálido, de esos que recuerdan que la política también está hecha de ciclos, de relevos y de reconocimiento al trabajo que otros han hecho antes.
En términos generales, Monserrat Ruiz puede ponerse una flor en el ojal con esta actividad. Fue un encuentro bien organizado, bien acompañado y con una energía bastante positiva. Y algo que también me llamó la atención fue ver a varios de sus asesores —lo que yo llamo cariñosamente “sus pollitos”— moviéndose por el salón, atentos a cada detalle. Debían ser al menos tres, aunque el único con el que pude conversar directamente fue Esteban.
Además de las conversaciones y los encuentros, la mañana me dejó varias notas mentales que seguramente terminarán encontrando su lugar dentro de mi libro. Tres ideas, en particular, quedaron apuntadas casi como títulos de futuros capítulos. La primera: “Cuando el entusiasmo puede ser una debilidad, o vulnerabilidad… pero también un arma.” La segunda: “El síndrome del diputado saliente.” Y la tercera: “El papel de los asesores en este juego de poder, que también podrían desarrollar su propio síndrome.”
Son pequeñas observaciones que nacen precisamente en estos espacios donde uno se sienta a observar más que a hablar. Porque la política, cuando se mira de cerca, no es solo ideología o poder. También es comportamiento humano. Y ahí es donde, para quienes nos gusta observar, empiezan a aparecer las historias más interesantes.