La triste realidad del mundo

Vas al doctor con una herida. El médico la ve, se indigna por lo que te hicieron, te dice que pobrecito, que “sana sana q-lito de rana”, te soba el brazo y te asegura que él jamás te lastimaría. Te pone una crema, te sonríe, y te manda para la casa. Salís tranquilo… pero la herida sigue ahí. Ese no es un buen médico. Es un médico cómodo, o peor aún, inútil.

Vas donde otro. Ve la herida, no pierde tiempo en discursos ni en buscar culpables. Hace lo que tiene que hacer. Te pone una inyección que duele, te limpia con firmeza para evitar infección, toma decisiones rápidas. Todo incomoda, todo duele… pero salís mejor. Ese es un buen médico. No el que te consuela, sino el que te cura.

Pero resulta que nos vamos a la política.

Y ahí todo se invierte.

El que te dice “sana sana”, el que te abraza, el que te dice lo que querés oír, el que busca culpables pero no resuelve nada… ese se vuelve un gran líder. Porque no incomoda. Porque no duele. Porque te hace sentir bien, aunque no te esté curando.

Pero el otro, el que asume su responsabilidad aunque no sea popular, el que toma decisiones difíciles, el que ordena, el que negocia con firmeza, el que hace lo necesario aunque no guste… ese se vuelve el malo. No porque esté equivocado, sino porque no dio lo que muchos querían en ese momento.

Y entonces la pregunta deja de ser política y se vuelve personal.

¿Qué estás buscando realmente? ¿Que te digan lo que querés oír… o que hagan lo que es necesario?

Porque un liderazgo que solo acaricia puede terminar dejando la herida abierta. Y una sociedad que solo aplaude lo cómodo puede empezar a rechazar lo que la sana.

Ojalá salgamos pronto de ese “sana sana” que tranquiliza pero no resuelve. Y ojalá no caigamos en extremos donde ya ni siquiera haya quien tome decisiones, sino solo quien administre lo que otros dejaron sin atender.

Porque al final, aunque duela admitirlo, lo que de verdad hace falta no es quien te abrace… es quien esté dispuesto a curarte.

Y cuidado, por que a cómo va la cosa, podría ser que la próxima vez que vayás al médico, no te atienda él, sino su secretaria.

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