
Esta mañana, en una reunión sobre el agro de Costa Rica, tuve la dicha de conversar con el ingeniero Carlos Pineda. No sé si llamarlo influencer o generador de contenido… pero lo que sí sé es que tiene la capacidad de explicar, con claridad y sin adornos, la realidad que viven nuestros agricultores. Escucharlo no solo informa… también despierta. Y en mi caso, me refrescó algo importante: el compromiso de seguir trabajando con un sector que muchas veces se da por sentado, pero que sostiene mucho más de lo que creemos.
Más tarde, Carlos me compartió un video sobre la posible situación que podríamos vivir en Costa Rica a raíz de la guerra en Medio Oriente. Y aunque el conflicto suena lejano, la consecuencia no lo es tanto. Porque cuando se habla del posible cierre del estrecho de Ormuz, no se está hablando solo de geopolítica… se está hablando de lo que podría terminar pasando en la mesa de cada familia.
Desde mi punto de vista, hay algo que no siempre vemos con claridad. Gran parte de los fertilizantes que sostienen la producción agrícola dependen del petróleo. Y una porción importante de esos insumos pasa por esa zona estratégica. Si ese flujo se ve afectado, los precios suben. Y cuando suben los fertilizantes, suben los costos de producción. Y cuando suben los costos de producción… suben los alimentos.
Y ahí es donde la historia deja de ser internacional… y se vuelve personal.
Porque no todos los países enfrentan ese escenario de la misma manera. Hay economías grandes que producen para su propio consumo, que tienen margen, que pueden absorber impactos. Pero países como el nuestro, y muchos otros en América Latina o África, dependen de lo que viene de afuera. Dependemos de insumos, de transporte, de mercados que no controlamos.
Y eso nos vuelve vulnerables.
Porque cuando el modelo se basa en importar, en depender, en no fortalecer lo propio, cualquier movimiento externo se convierte en un golpe interno. No es solo un tema de precios. Es un tema de seguridad. De estabilidad. De capacidad de sostenernos como país en momentos complejos.
Tal vez esta no es una conversación cómoda. Porque implica cuestionar decisiones, modelos, prioridades. Pero sí es necesaria. Porque la riqueza de nuestros suelos, el conocimiento de nuestros agricultores, la capacidad productiva que tenemos… no debería ser secundaria.
Y tal vez ahí está la reflexión.
Lo que pasa lejos sí importa. Pero lo que decidimos hacer aquí… importa mucho más. Porque en esa decisión está la diferencia entre depender… o sostenernos.