Cuando un ranking no mide lo que creés que mide

En estos días ha circulado una noticia donde se presenta al presidente Rodrigo Chaves Robles como uno de los mejores mandatarios de América Latina, ubicándolo en el quinto lugar de un ranking regional. Y como era de esperarse, muchos lo celebran como un reconocimiento internacional a su gestión.

Pero cuando uno se detiene a leer más allá del titular, la historia cambia.

El mismo artículo indica que este resultado proviene de una encuesta de opinión realizada por la consultora CB Global Data, con una muestra de 2051 personas y un margen de error de ±2.2%. Es decir, no se trata de una evaluación institucional, ni de un análisis técnico de organismos internacionales, ni de un estudio comparativo basado en indicadores de desarrollo o gobernanza.

Es una medición de percepción. Y eso no es menor.

Porque una cosa es ser evaluado como “uno de los mejores presidentes” por entidades que analizan variables objetivas, y otra muy distinta es aparecer bien posicionado en una encuesta que mide aprobación ciudadana en contextos completamente distintos entre países.

De hecho, el propio ranking muestra algo que debería invitarnos a pensar con más cuidado. En esa misma lista aparece Daniel Ortega en una posición superior. Y más allá de cualquier postura política, eso por sí solo debería llevarnos a cuestionar qué exactamente está midiendo ese ranking.

No como crítica… sino como ejercicio de pensamiento.

Porque si un ranking mezcla realidades políticas tan distintas bajo un mismo criterio, entonces lo que está midiendo no es necesariamente la calidad de gestión, sino niveles de aprobación dentro de cada país. Y la aprobación, todos lo sabemos, no siempre está ligada a resultados objetivos, sino a narrativa, comunicación y conexión emocional.

En el caso específico de Costa Rica, el mismo estudio indica que el presidente cuenta con un 56.8% de aprobación, lo cual es un dato relevante y completamente válido dentro del contexto nacional. Pero convertir ese dato en una validación internacional de “mejor presidente” es un salto que no necesariamente se sostiene.

Y aquí es donde el tema deja de ser político… y se vuelve ciudadano.

Porque no se trata de defender o atacar a una figura. Se trata de cómo leemos la información. De cómo interpretamos los datos. De qué estamos dispuestos a cuestionar, incluso cuando la noticia coincide con lo que ya creemos.

Hay quienes verán ese ranking como una confirmación absoluta. Y está bien. Cada quien procesa la información desde su propio marco. Pero también existe otra posibilidad: la de detenerse un momento y preguntarse qué se está midiendo realmente.

Porque no todo ranking es lo que parece. No toda cifra dice lo que creemos. Y no toda validación es, necesariamente, una validación real.

Y tal vez, más importante que el lugar número cinco… es la forma en la que decidimos entenderlo.

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