
Algunos insisten en que esto es un tema de libre expresión. Y sí, lo es. Cada persona tiene todo el derecho de pensar, opinar y decir lo que quiera. Eso no está en discusión. Pero también es cierto algo que muchas veces se pasa por alto: la libertad de expresión no convierte cualquier espacio en un terreno sin límites.
Este no es un espacio abierto sin propósito. Este muro tiene un tema, tiene una línea, tiene un norte muy claro. No es improvisado ni reactivo. Es un espacio que se ha construido con intención, con trabajo, con horas detrás de cada texto, y con una responsabilidad asumida de forma voluntaria. Y cuando alguien entra únicamente a poner en entredicho ese trabajo, no desde el aporte sino desde la constante confrontación, eso deja de ser participación… y empieza a ser interferencia.
Porque una cosa es opinar, y otra muy distinta es desviar.
Mis artículos nunca te han dicho qué pensar, qué hacer, por quién votar o cómo actuar. No son instrucciones. No son órdenes. Son una expresión clara de lo que yo observo, de lo que analizo, de lo que creo. Y cada persona, desde su propia libertad, decide cuánto de eso le resuena, cuánto lo cuestiona, o cuánto simplemente deja pasar.
Pero ahí está el punto.
No todo espacio está hecho para ser discutido. Algunos están hechos para ser leídos, sentidos, procesados. Y luego, si no conectan, se sueltan. Sin conflicto. Sin necesidad de convertir cada publicación en un campo de debate constante.
Porque no todo tiene que ser una discusión.
A veces, simplemente no es para vos.
Y eso también es parte de la libertad.