
Esta mañana pude ver un video de una chica en moto. Iba haciendo fila detrás del vehículo de adelante, sin rebasarle, sin meterse, sin buscar ventaja. Simplemente iba… bien. Quien subió el video lo hacía en modo de reconocimiento, resaltando la manera correcta en que esta persona conducía. Era un video sencillo, incluso cotidiano, pero tenía algo distinto… era una pausa en medio de tantos contenidos donde lo que abunda es el error, el choque, la imprudencia. Aquí no. Aquí había respeto, orden, conciencia.
Y sin embargo… apareció el comentario. Uno de esos comentarios que no llegan desde lo que se ve, sino desde otro lugar. Decía: “espere que agarre confianza y verá”. Y ahí es donde se vuelve interesante.
Porque no había nada que criticar. No había error, no había imprudencia, no había exceso. Entonces, ¿qué hace alguien que necesita criticar… cuando no encuentra nada? Se lo inventa. Se adelanta. Construye una escena futura, una posibilidad, una suposición… y desde ahí juzga, condena y descalifica.
No habló de lo que vio. Habló de lo que imaginó. Y eso dice mucho.
Dice mucho de cómo, a veces, la mirada no está puesta en la realidad, sino en una necesidad interna de encontrar lo negativo, de señalar, de anticipar lo que podría salir mal. Como si lo bueno no fuera suficiente. Como si no alcanzara con reconocer lo correcto. Como si, incluso frente a algo bien hecho, hubiera que torcerlo… aunque sea un poquito.
Y entonces la pregunta no es sobre la chica en moto. Es sobre quién comenta.
Porque hay una tendencia que se repite más de lo que parece. Personas que responden desde lo negativo, desde lo destructivo, desde lo que llevan por dentro. No necesariamente porque la situación lo amerite… sino porque esa es la forma en que están viendo el mundo.
Y cuando no hay nada que cuestionar… crean algo.
En este caso específico, no encontró nada que pudiera criticar, entonces se inventó una situación a futuro, la juzgó… y la condenó. Y eso, si lo mirás con calma, abre una posibilidad distinta. Porque así como se puede responder desde ese lugar… también se puede elegir otro.
¿Qué pasaría si, cada vez que vas a responder a algo que ves, hicieras el ejercicio de hacerlo desde lo positivo? No desde la ingenuidad, no desde negar lo que está mal… sino desde construir. Desde reconocer. Desde aportar algo que sume, no algo que desgaste.
Tal vez no cambia el mundo de inmediato. Pero cambia algo. Cambia el tono. Cambia el espacio. Y, poco a poco… cambia también la forma en que nos encontramos unos con otros.