La esencia de la patria

La esencia de la patria es la paz. Eso nos ha descrito siempre. No como un discurso bonito, no como una consigna repetida… sino como una forma de ser. Como algo que se respira, que se vive, que se transmite sin necesidad de explicarlo demasiado. La paz no es un adorno en Costa Rica… es raíz. Es identidad. Es lo que somos… y lo que, en el fondo, sabemos que queremos seguir siendo.

Nuestro “pura vida” no es solo una frase. Es una manera de habitar el mundo. Se fundamenta en muchas de las cosas que hemos construido como sociedad: en la alegría sencilla, en la forma en que encontramos bienestar en lo cotidiano, en el desarme de nuestra nación, en esa decisión profunda —y casi invisible en el día a día— de que nunca una madre costarricense tendrá que ver a su hijo partir a la guerra. Eso no es menor. Eso es historia. Eso es cultura. Eso es una elección colectiva que se ha sostenido en el tiempo.

Y ese “pura vida” también viene arraigado a algo que se siente, incluso cuando no se dice en voz alta: donde haya un costarricense, esté donde esté, hay una forma particular de entender la libertad. Una forma de caminar sin miedo, de relacionarse sin agresión, de convivir sin la necesidad de imponerse. Incluso hemos sido reconocidos por el mundo con un Premio Nobel de la Paz, otorgado a un presidente en ejercicio, como reflejo de decisiones que trascendieron fronteras. Eso también forma parte de lo que somos.

Esa es Costa Rica. Esa es nuestra identidad.

Y por eso, cuando en tiempos recientes vemos cómo proliferan —como abejones de mayo— actitudes distintas, cargadas de enojo, de ofensa, de ataque, de insulto… algo no calza. No porque no puedan existir, sino porque no representan lo que nos define. No son la norma. Son la excepción. Son la distorsión momentánea de algo mucho más profundo que sigue estando ahí, aunque a veces parezca opacado.

Nosotros, en paz, en calma, apaciguados… seguimos siendo los herederos de esta tierra bendita. No desde la pasividad, sino desde la conciencia. Desde el entendimiento de que la paz no es debilidad… es elección. Es carácter. Es una forma de sostener lo que otros construyeron antes que nosotros, y de decidir qué queremos dejar después.

Podrán gritar. Podrán votar. Podrán decidir.

Pero la esencia del país, la de nuestros abuelos, la de quienes hicieron de este lugar algo especial… sigue corriendo por nuestras venas.

Y mientras eso siga vivo… seguimos siendo lo que somos.

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