Monserrat Ruiz

Normalmente no publico nada que pueda interpretarse como apoyo político hacia ningún partido. Y quiero empezar desde ahí, con total claridad. Sin embargo, el video que comparto hoy no tiene que ver con una posición política, sino con algo mucho más profundo: la forma en que nos comunicamos y el nivel de humanidad que llevamos a los espacios de poder.

Hace pocos días, vimos cómo un diputado de la Asamblea Legislativa cruzó una línea innecesaria al referirse a la apariencia física de una diputada. Las redes sociales reaccionaron con fuerza, como era de esperarse, y el tema volvió a poner sobre la mesa el tipo de diálogo que estamos normalizando dentro del Congreso. Gritos, interrupciones, ataques personales… una dinámica que, poco a poco, va desgastando no solo la imagen del órgano legislativo, sino también la forma en que nosotros, como sociedad, aprendemos a conversar.

Y en medio de ese ruido, me encontré con este video.

La participación de doña Montserrat Ruiz tiene algo distinto. No necesita elevar la voz para ser escuchada. No recurre a la descalificación para posicionarse. Hay en su tono una pausa, una claridad y hasta una sensibilidad que no es común ver en ese espacio. Y justamente por eso lo comparto.

Porque esto también es liderazgo.

Porque sí se puede decir lo que se tiene que decir sin perder el aplomo, sin desdibujar el rol que se representa y sin caer en lo que muchas veces termina pareciendo más una confrontación personal que un debate legislativo. Este tipo de intervenciones nos recuerdan que la firmeza no está reñida con la serenidad, y que el respeto no debilita el mensaje, lo fortalece.

Ojalá este tipo de ejemplos se multipliquen. No por una persona en particular, sino por lo que representan: una forma distinta de estar, de hablar y de construir dentro de un espacio que debería ser, ante todo, digno.

Por eso comparto este video.

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