
Me entero, según publica CRHoy, que diputados del Partido Unidad Social Cristiana impulsan un proyecto para que la Clínica Oftalmológica de la Caja Costarricense de Seguro Social lleve el nombre de la ex primera dama Lorena Clare Facio. Y más allá del origen político de la iniciativa —que siempre genera lecturas, interpretaciones y posiciones— hay algo que, desde un espacio cívico, merece ser observado con otra mirada, una más serena, más justa y más humana.
Porque no todo reconocimiento debe ser leído desde la política.
A veces, simplemente es eso: reconocimiento.
Reconocimiento a una trayectoria, a un aporte, a una huella que quedó en la vida de muchas personas, especialmente en aquellas que pocas veces tienen voz, acceso o visibilidad. Y en ese sentido, lo que se plantea no es menor. No se trata de un nombre colocado al azar, ni de un gesto vacío, sino de una forma de honrar un trabajo que, según la misma información publicada, estuvo profundamente ligado al impulso de la atención oftalmológica en el país, al trabajo con poblaciones vulnerables y a la construcción de iniciativas que hoy siguen teniendo impacto.
Y ahí es donde la conversación cambia.
Porque cuando el reconocimiento se basa en el aporte real, en el servicio, en el impacto positivo en la vida de otros, deja de importar tanto quién propone la idea, y empieza a importar por qué se propone. Y en este caso, al menos desde lo que se conoce públicamente, hay razones suficientes para que ese nombre no sea solo simbólico, sino también representativo de una etapa de trabajo que dejó resultados.
Desde un espacio como Apacigua tu ser interior, que intenta mantenerse en una línea de ciudadanía consciente, esto no se trata de respaldar a un partido, ni de alinearse con una agenda política específica. Se trata de algo mucho más simple, pero también más profundo: reconocer cuando algo es justo, cuando algo tiene sentido, cuando algo honra el bien hecho.
Y sí, también se vale decirlo con cariño.
Porque detrás del nombre hay una persona. Una mujer que, en su momento, utilizó una posición de influencia para impulsar proyectos en beneficio de otros. Y eso, en tiempos donde muchas veces lo que se recuerda son los errores, las polémicas o los conflictos, también merece espacio.
Un espacio de reconocimiento. Un espacio de gratitud. Un espacio de memoria.
Apoyar este tipo de iniciativas no debería dividir. Debería, más bien, unirnos en algo básico: la capacidad de reconocer el bien cuando se ha hecho, venga de donde venga.
Porque al final, más allá de la política, lo que queda es el impacto en la gente.
Y cuando ese impacto existe… merece ser nombrado.