
Venimos saliendo de una Asamblea Legislativa que, para bien o para mal, hizo que muchísimas personas volvieran a poner los ojos sobre el Congreso. Durante estos últimos cuatro años, Costa Rica observó discusiones intensas, enfrentamientos políticos, momentos muy buenos, otros muy cuestionables y una exposición constante de figuras legislativas que, con el tiempo, terminaron dominando el escenario público. Y en medio de todo eso, pareciera que se nos olvidó algo bastante importante: la mayoría de esos diputados también llegaron un día sin saber casi nada sobre cómo funcionaba realmente la Asamblea.
Porque esa es una realidad que pocas veces se dice con honestidad. La inmensa mayoría de diputados que no son repitentes entran al Congreso con conocimientos limitados sobre el manejo práctico del plenario, las dinámicas parlamentarias, los procedimientos, las mociones, el uso correcto del micrófono, los tiempos, las negociaciones y toda esa maquinaria interna que desde afuera parece sencilla, pero que en realidad es muchísimo más compleja de lo que la gente imagina. Y entonces ocurre algo curioso.
Pasamos cuatro años viendo diputados que ya habían aprendido a moverse dentro del sistema, y ahora, apenas con menos de dos semanas de instalada la nueva Asamblea, pareciera que algunas personas esperan que los nuevos legisladores actúen con la misma soltura, experiencia y capacidad que quienes ya tenían años dentro del Congreso.
Ayer ocurrió un momento que rápidamente se volvió viral. La diputada del Partido Unidad Social Cristiana, doña Abril Gordienco, mientras estaba en el uso de la palabra, olvidó momentáneamente el tema que se estaba discutiendo y preguntó algo parecido a “¿qué es lo que tengo que decir?”, intentando realmente ubicarse sobre el tema que se estaba tratando en ese momento.
Y sí, los memes no tardaron en aparecer. Y sí, honestamente, son graciosos. Y sí, probablemente ella misma también se esté riendo de parte de eso, porque internet funciona así y la política moderna mucho más. Hoy cualquier error pequeño se convierte en clip, meme, sticker y comentario en cuestión de minutos. Eso ya es parte de la realidad pública que viven quienes entran a la política. Pero hay algo importante que quizá vale la pena observar con un poco más de calma.
No deberíamos confundir inexperiencia con subordinación. Porque una cosa es que una diputada todavía no domine completamente la dinámica legislativa, y otra muy distinta es asumir automáticamente que está manipulada, vendida o recibiendo órdenes ocultas. Y pareciera que hoy, en medio de la ansiedad política permanente, muchas personas saltan demasiado rápido hacia las conclusiones más extremas.
Tal vez lo que vimos ayer no fue una señal de sometimiento político. Tal vez fue simplemente lo que parecía ser: una diputada nueva, con apenas días dentro de una estructura enormemente compleja, viviendo uno de esos momentos incómodos que probablemente muchísimos otros diputados también tuvieron en privado, solo que sin cámaras encima o sin redes sociales esperando convertirlo en tendencia.
Porque además hay algo todavía más interesante en todo esto: estamos comparando a una diputada con diez días de experiencia contra diputados que hace apenas diez días tenían cuatro años completos dentro del Congreso… y que aun con toda esa experiencia terminaron protagonizando situaciones muchísimo más cuestionables. Ahí es donde la comparación empieza a volverse injusta.
Porque una cosa es equivocarse por nervios, por falta de experiencia o por no dominar todavía un procedimiento legislativo. Y otra muy distinta son conductas plenamente conscientes, tomadas después de años dentro de la función pública, donde ya no existe el beneficio de la inexperiencia.
Por eso muchas personas señalan casos recientes de diputados con larga trayectoria legislativa que terminaron teniendo actitudes verdaderamente reprochables en el cierre del período anterior: rompimiento de quórum en votaciones clave, escenas cuestionables, conductas que generaron enorme desgaste institucional y momentos que, honestamente, sí resultaban difíciles de justificar después de tanto tiempo dentro de la Asamblea. Y quizá ahí aparece una reflexión más humana y más útil.
Tal vez a los nuevos diputados todavía les falta experiencia. Muchísima. Eso es evidente. Pero la experiencia no siempre garantiza madurez, responsabilidad o dignidad política. A veces solo garantiza más práctica dentro del sistema. Y son cosas muy distintas.
Por eso quizá vale la pena darle un poco de aire a figuras nuevas como doña Abril Gordienco antes de convertir cualquier error inicial en una sentencia definitiva sobre su capacidad, su independencia o su inteligencia. No porque haya que blindarla de la crítica —la política siempre estará expuesta a eso— sino porque diez días no son cuatro años.
Y sí… los memes siguen siendo graciosos. Eso probablemente no va a cambiar.
Pero tal vez también podemos reírnos sin necesidad de destruir automáticamente a alguien que apenas está empezando a caminar dentro de uno de los espacios más complejos, tensos y expuestos de todo el país.