
Adaptado para niños de 10 años
Basado en un artículo de la criminóloga Tania Molina Rojas
A continuación vamos a explicar las ideas principales del artículo de Tania Molina Rojas como si se las estuviéramos contando a un niño de diez años. No para meter miedo, ni para decir que algo sea absolutamente cierto, sino para entender cómo algunas personas que estudian la sociedad observan ciertas cosas que pasan en los países.
Imagina que en una escuela empieza a haber mucho desorden. Algunos niños pelean, otros gritan, algunos rompen cosas y todos comienzan a sentir miedo. Entonces aparece alguien diciendo:
—“No se preocupen. Yo voy a arreglar todo. Pero para hacerlo, necesito que me den más poder.”
Y como todos están asustados, muchos responden:
—“Está bien. Haz lo que tengas que hacer.”
Eso, explicado de forma muy sencilla, es una de las ideas del artículo.
La autora habla de algo que algunos expertos llaman “el mecanismo del shock”. El shock es cuando las personas sienten mucho miedo, angustia o desesperación al mismo tiempo. Cuando eso pasa, a veces dejamos de pensar con calma y aceptamos cosas que normalmente no aceptaríamos.
Por ejemplo, imagina que en tu casa siempre puedes salir al patio, usar tu bicicleta y jugar libremente. Pero un día ocurre algo muy feo en el barrio y todos tienen miedo. Entonces alguien propone:
—“A partir de ahora nadie puede salir, nadie puede hablar fuerte y yo voy a decidir todo.”
Tal vez algunas personas aceptarían eso porque sienten que cualquier cosa es mejor que el miedo.
La criminóloga explica que, según muchos estudios, algunos gobiernos en distintos países han usado el miedo de la gente para obtener más control. Ella menciona ejemplos históricos donde primero hubo mucho miedo y luego aparecieron medidas más fuertes, como más vigilancia, menos libertades o decisiones tomadas por pocas personas.
Pero aquí hay algo importante: ella no dice que toda violencia sea inventada. Al contrario. Dice que la violencia es real y que las víctimas son personas verdaderas que sufren muchísimo. Lo que ella pregunta es otra cosa: si a veces el miedo puede ser usado por algunos líderes para convencer a la población de entregar libertades poco a poco.
Es como cuando alguien rompe una ventana y luego aparece vendiendo candados carísimos diciendo que solo él puede protegerte.
También habla de algo muy interesante sobre las noticias. Dice que muchas veces los medios muestran sobre todo las cosas más impactantes porque llaman más la atención. Y eso puede hacer que la gente sienta que el peligro está en todas partes, incluso cuando no siempre es exactamente así.
Piensa en esto: si durante una semana solo vieras videos de accidentes de bicicletas, tal vez empezarías a sentir que montar bicicleta es casi imposible y peligrosísimo, aunque millones de personas anden todos los días sin problema.
Eso no significa que los accidentes no existan. Significa que lo que vemos repetidamente puede cambiar cómo sentimos el mundo.
La autora también dice algo muy importante: cuando un país empieza a escuchar constantemente frases como:
—“Las instituciones no sirven.”
—“Solo una persona fuerte puede salvarnos.”
—“Los jueces estorban.”
—“La prensa enemiga debe callarse.”
…entonces hay que prestar atención. Porque históricamente, según ella, ese tipo de mensajes a veces aparecen antes de que un país pierda libertades importantes.
Es como cuando en un equipo de fútbol alguien empieza a decir que todos los árbitros son enemigos, que las reglas no sirven y que solo el capitán debería decidir todo. Poco a poco el juego deja de ser justo.
La parte más delicada del texto es cuando la autora habla de Costa Rica y dice que algunos hechos violentos recientes le parecen extraños por la forma en que ocurrieron tan seguidos e intensos en poco tiempo. Ella aclara que no puede afirmar cosas sin pruebas, porque una criminóloga debe basarse en evidencia. Pero sí dice que considera importante hacerse preguntas y observar con atención.
Y aquí tal vez está una de las enseñanzas más importantes para un niño —y también para muchos adultos—: aprender a pensar con calma incluso cuando todos tienen miedo.
Porque el miedo a veces hace que las personas entreguen cosas muy valiosas sin darse cuenta. Cosas como la libertad, el derecho a opinar, a preguntar, a protestar o a vivir sin sentirse vigilados todo el tiempo.
El artículo no pretende decirte qué pensar. Más bien invita a hacer preguntas. A observar. A no dejar que el miedo decida absolutamente todo por nosotros.
Y tal vez esa sea la metáfora más sencilla de todas:
Si alguien llega corriendo, gritando que el bosque está lleno de monstruos, antes de entregarle las llaves de todo el reino, vale la pena encender una linterna… y mirar bien alrededor.