Hay quienes no hicieron bien su tarea

Algunos sectores han dicho en estos días que Álvaro Ramos evitó referirse al tema eléctrico durante la campaña. Sin embargo, al revisar su plan de gobierno, el tema sí aparece. No necesariamente con el lenguaje de apertura total, competencia directa o eliminación de monopolios que otros sectores defienden, sino desde otra visión: modernización del ICE, generación distribuida, asociaciones público-privadas acotadas, transición energética y fortalecimiento de la rectoría pública. Y esa diferencia importa.

Porque no hablar en los términos que otro grupo desea no significa no haber hablado. Y no defender una apertura eléctrica amplia tampoco significa carecer de posición. Puede significar, sencillamente, tener una posición distinta.

Según señalan algunos análisis, Álvaro Ramos sí abordó durante la campaña el tema energético y eléctrico, aunque no necesariamente haciendo referencia directa al número del expediente impulsado por el gobierno. Y quizá ahí también existe una diferencia que vale la pena observar con calma. Porque una cosa es hablar sobre la necesidad de modernizar o transformar el sistema eléctrico nacional, y otra distinta es respaldar específicamente un proyecto de ley determinado. No mencionar un número de expediente no significa automáticamente ausencia de posición; a veces simplemente refleja una manera diferente de plantear las posibles soluciones.

Por eso también llama la atención escuchar que el cambio de posición del PLN “tomó por sorpresa” a algunas personas del oficialismo. Si el tema energético ya estaba presente en el plan de gobierno de Álvaro Ramos, si ya se hablaba de modernización, de alianzas estratégicas, de generación distribuida y de una rectoría pública intacta, entonces surge una pregunta inevitable: ¿realmente se leyeron con atención los planes de gobierno de sus adversarios políticos durante la campaña? Y honestamente, eso sí preocupa.

Porque si algunas figuras políticas no tuvieron tiempo para leer cuidadosamente los planteamientos energéticos de quienes competían electoralmente contra ellos, entonces uno inevitablemente se pregunta si sí tuvieron tiempo de leer, analizar y comprender con profundidad el expediente 23.414 que hoy quieren votar a favor. Y esto no lo digo desde el ataque. Lo digo desde la responsabilidad.

Costa Rica merece debates serios. Merece diputados, analistas y figuras públicas que lean completos los proyectos que impulsan, pero también las propuestas, advertencias y posiciones de quienes piensan distinto.

No se trata de ganar discusiones en redes sociales ni de construir frases efectistas para conferencias de prensa. Se trata de no improvisar decisiones que podrían afectar al país durante los próximos veinte o treinta años.

Porque una cosa es querer modernizar el sistema eléctrico nacional. Y otra muy distinta es asumir que solo existe un camino posible para hacerlo.

Algunas personas creen en apertura total y competencia amplia. Otras creen en modernizar el ICE sin debilitar la rectoría pública. Ambas son posiciones políticas válidas dentro de una democracia. Lo que no parece válido es fingir sorpresa ante una postura que ya estaba documentada públicamente desde la campaña presidencial.

Por lo tanto, lo que yo observo es que el Partido Liberación Nacional terminó actuando de manera congruente con lo que venía planteando durante la campaña y también con una tradición histórica que, desde hace más de setenta años, estuvo vinculada a la creación y fortalecimiento del ICE como institución estratégica para el desarrollo nacional.

Y quizá ahí está el verdadero problema de fondo: en tiempos de polarización, algunos dejaron de leer para empezar solamente a reaccionar.

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