Cuando un mensaje dice más de lo que pretende decir

Estoy viendo circular una publicación en redes sociales que se repite una y otra vez. El mensaje, proveniente de alguien identificado con el oficialismo, dice algo así:

«Jaguares, ubiquémonos. El gobierno no tiene ni un mes y ustedes quieren que todo se resuelva ya. Cambiar setenta años llevará su tiempo.»

Y honestamente, me llamó mucho la atención. No por lo que dice de forma explícita, sino por todo lo que parece revelar sin darse cuenta.

La primera conclusión que me surge es que quienes están compartiendo este mensaje son plenamente conscientes de que algo está ocurriendo dentro de su propia base de apoyo. Si no existiera molestia, impaciencia o desilusión entre algunos de los votantes oficialistas, no habría necesidad de publicar mensajes pidiendo calma. Nadie le pide paciencia a una afición que está celebrando una victoria. La paciencia se pide cuando empiezan a aparecer dudas, cuestionamientos y señales de inconformidad.

Eso significa que algunos de los llamados «jaguares» —término que personalmente me parece bastante vulgar, tribal e innecesario para una democracia madura— están comenzando a preguntarse por qué las cosas no avanzan como imaginaban. Están empezando a sentir que las promesas de campaña no se materializan con la velocidad esperada. Y cuando eso ocurre, aparecen los mensajes de contención emocional para intentar mantener unido al grupo.

Hasta ahí, no veo ningún problema. De hecho, estoy de acuerdo en una parte del mensaje.

Doña Laura apenas tiene alrededor de un mes en el ejercicio del poder. Sería absurdo pretender evaluar seriamente una administración completa en tan poco tiempo. Los gobiernos requieren tiempo para nombrar equipos, ordenar prioridades, construir estrategias y ejecutar proyectos. Incluso quienes no votaron por ella deberían reconocer que cualquier administración merece un margen razonable para demostrar de qué es capaz.

Yo mismo tengo esperanza de que logre resultados positivos para Costa Rica. Porque al final, independientemente de por quién haya votado cada uno, todos vivimos en el mismo país y todos nos beneficiamos si las cosas salen bien.

Pero hay algo en ese mensaje que me resulta profundamente curioso.

¿Por qué desaparecen los cuatro años anteriores?

¿Por qué el argumento se construye alrededor de la idea de que «solo llevan un mes»?

Porque quienes votaron por el continuismo no estaban votando por una propuesta completamente nueva. Estaban votando precisamente por la continuidad de un proyecto político. Ese fue uno de los principales argumentos de campaña. Continuar. Profundizar. Consolidar. Seguir una misma línea.

Entonces, si la elección fue presentada como una continuidad, ¿por qué ahora se pretende comenzar el conteo desde cero?

Porque si el oficialismo necesita pedir que únicamente se evalúe el último mes, entonces aparece una pregunta incómoda. ¿Será que, en el fondo, algunas personas ya no desean cargar con los resultados del gobierno anterior y prefieren hacer borrón y cuenta nueva?

Porque recordemos algo: esta elección fue presentada precisamente como una continuidad. Se pidió el voto para continuar un proyecto político, una visión de país y una forma de gobernar. No se trataba de empezar desde cero, sino de seguir un camino que supuestamente ya venía dando resultados.

Entonces resulta curioso que ahora se pretenda medir el desempeño únicamente desde el día de la toma de posesión, como si los cuatro años anteriores hubieran desaparecido de la historia política del país.

Y si eso es así, la conclusión termina siendo bastante reveladora. Porque implicaría que incluso algunas personas dentro del propio oficialismo sienten la necesidad de tomar distancia de esos cuatro años y comenzar un nuevo conteo. Como si, de alguna manera, el gobierno anterior hubiera dejado de ser un activo político para convertirse en una carga que conviene olvidar.

Por supuesto, nadie lo dice de forma abierta. Pero los mensajes políticos muchas veces revelan más por lo que intentan ocultar que por lo que dicen explícitamente. Y eso es precisamente lo interesante.

A veces los mensajes políticos más reveladores no son los que atacan al adversario. Son los que intentan tranquilizar a los propios. Porque cuando una comunidad política empieza a necesitar recordarse a sí misma que tenga paciencia, normalmente es porque la paciencia ya comenzó a agotarse.

Quizá el mensaje fue escrito con la intención de defender al gobierno. Pero también podría terminar funcionando como una fotografía involuntaria de las dudas que empiezan a aparecer dentro de quienes más creían en él. Y eso, honestamente, dice mucho más de lo que parece a simple vista.

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