Cuando me reúno con alguien que no les gusta

Algunas veces publico fotografías o comentarios en los que cuento que me reuní con alguna persona de determinado partido político, que conversamos, que trabajé con su equipo o que tuve una entrevista. Y casi siempre ocurre lo mismo: aparecen comentarios negativos, expresiones de duda o incluso palabras ofensivas dirigidas hacia esa persona. Curiosamente, muchas veces me refiero a integrantes de partidos que solemos llamar democráticos. Personas que, acertadas o equivocadas, tienen el mismo derecho que cualquier ciudadano a participar en la vida política del país. Entiendo que cada uno tenga sus opiniones. Entiendo que existan simpatías y rechazos. Entiendo incluso que algunas críticas puedan estar justificadas. Sin embargo, hay una diferencia importante entre ustedes y yo: la libertad con la que muchos pueden expresarse es un lujo que yo no puedo darme.
Yo me reúno con personas de todas las agrupaciones políticas, cuestionadas o no, señaladas o no, preparadas o no, queridas o no. No porque comparta todo lo que piensan. No porque apoye todo lo que hacen. No porque represente sus intereses. Me reúno con ellas porque mi trabajo, por elección, por llamado y por amor a la patria, no consiste en traerme un mensaje de ellos. Consiste en llevarles el mensaje de Apacigua. Cada reunión es una oportunidad para hablar de valores, de respeto, de institucionalidad, de diálogo, de conciencia y de convivencia. Cada conversación es una oportunidad para sembrar algo positivo, aunque sea pequeño. A veces siento que lo hago con uñas y gateando, avanzando centímetro a centímetro, pero sigo creyendo que vale la pena intentarlo porque estoy convencido de que Costa Rica necesita más puentes y menos trincheras.
Por eso quisiera pedirles algo adicional. Cuando vean que tuve una reunión con alguien que no es de su agrado, antes de asumir lo peor, pensemos por un momento que tal vez algo útil se está construyendo. Que tal vez un mensaje positivo se está llevando. Que tal vez alguien está escuchando una idea que necesita escuchar. Yo no puedo escoger únicamente a las personas con las que es cómodo conversar ni limitarme a quienes piensan igual que yo. Si realmente queremos influir positivamente en la sociedad, debemos estar dispuestos a sentarnos con quienes nos generan dudas, con quienes pensamos diferente e incluso con quienes nos producen desconfianza. De otra manera, estaríamos predicando únicamente entre convencidos y renunciando a cualquier posibilidad de transformación.
Los comentarios agresivos rara vez afectan al político. Tal vez ya está acostumbrado. Tal vez nunca los leerá. Pero sí me afectan a mí. Porque lo que hago, lo hago por ustedes. Lo hago porque creo profundamente en este país, porque creo que todavía hay cosas que vale la pena defender y porque sigo convencido de que los valores no se rescatan desde la comodidad de una oficina ni desde la distancia de las redes sociales. Se rescatan conversando, escuchando, insistiendo y estando presente donde muchas veces nadie más quiere estar. Por eso duele sentir que, mientras intento tender puentes, algunas personas que comparten muchos de nuestros valores reaccionan retirando su apoyo o su solidaridad.
Por eso hoy quiero pedirles algo muy sencillo. Si algún día ven que me reúno con alguien de un partido que no les gusta, no les pido que cambien de opinión. No les pido que lo apoyen. No les pido que estén de acuerdo con sus ideas ni con sus actuaciones. Solo les pido que me acompañen. Que recuerden por qué estoy ahí. Que recuerden cuál es el mensaje que intento llevar. Que recuerden que Apacigua nació precisamente para construir espacios de diálogo en tiempos de confrontación. Y que, si es posible, en lugar de hacerme sentir más solo en el camino, me hagan sentir que seguimos caminando juntos, porque la tarea de rescatar valores, fortalecer la convivencia y defender lo mejor de Costa Rica nunca ha sido una tarea individual, sino una responsabilidad que compartimos entre todos.