La ventana de Overton se abrió en Costa Rica

Tania Molina

Adaptado para niños de 12 años por Vinicio Jarquín

Hay una idea de la ciencia política llamada la ventana de Overton. Aunque el nombre parece complicado, la idea es bastante sencilla. Imagina una ventana imaginaria que contiene todas las ideas que la mayoría de las personas considera normales, aceptables o razonables. Algunas ideas están dentro de esa ventana porque la gente las ve como parte de una conversación normal. Otras están fuera porque parecen demasiado extrañas, extremas o difíciles de aceptar. Sin embargo, esa ventana no permanece siempre en el mismo lugar. Con el tiempo puede moverse. Cuando una idea se repite muchas veces, empieza a ser comentada por más personas. Luego aparece en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas. Poco a poco deja de parecer tan extraña y comienza a verse como una posibilidad. Finalmente, algo que antes parecía imposible puede llegar a convertirse en una ley, una política pública o una decisión de gobierno.

La criminóloga Tania Molina cree que algo parecido está ocurriendo en Costa Rica. Ella sostiene que durante los últimos años la ventana se ha ido moviendo poco a poco. Según su opinión, hace una década muchas personas habrían pensado que ciertas situaciones eran imposibles o propias de países con instituciones más débiles. Como ejemplos, menciona que habría parecido increíble que un presidente organizara una marcha contra el fiscal que lo investiga, o que regresara al gobierno como ministro el mismo día en que termina su período presidencial. También señala que algunas personas consideran que existe presión sobre los medios de comunicación y los periodistas que critican al gobierno. Para ella, situaciones que antes habrían provocado una gran discusión nacional hoy son vistas por muchas personas como algo normal o común.

Según la autora, una de las principales razones por las que la ventana se ha movido es la inseguridad. Muchas personas sienten preocupación por el aumento de la delincuencia, los homicidios, los robos y la violencia. Ella reconoce que ese miedo es real y que los ciudadanos tienen razones para sentirse preocupados. Sin embargo, considera que algunos líderes políticos utilizan ese temor para presentar propuestas que antes habrían parecido demasiado fuertes o difíciles de aceptar. Entre los ejemplos que menciona están las mega cárceles inspiradas en el modelo de El Salvador, el uso de polígrafos o detectores de mentiras como medida contra la corrupción, la posibilidad de limitar ciertas garantías individuales y la realización de reformas constitucionales rápidas. Desde su punto de vista, estas propuestas se presentan como soluciones urgentes mientras se deja en segundo plano el trabajo más lento y complejo relacionado con la prevención de la violencia.

Tania argumenta que combatir el crimen no debería consistir únicamente en castigar a quienes cometen delitos. Ella cree que también es importante invertir en educación, en oportunidades para las comunidades, en programas de prevención, en el fortalecimiento de las familias y en la construcción de una cultura de paz. Según su análisis, es más fácil para los gobiernos mostrar medidas fuertes que producen imágenes llamativas y titulares impactantes que desarrollar políticas públicas que tarden años en dar resultados. Por eso considera que muchas veces se favorecen las soluciones que generan un gran impacto inmediato, aunque no siempre resuelvan las causas profundas de los problemas.

La autora explica que la ventana de Overton no necesita que las personas acepten una idea de manera inmediata. Lo único que necesita es que la idea empiece a discutirse como una posibilidad legítima. Una vez que algo entra en el debate público, deja de ser completamente impensable. A partir de ese momento puede comenzar un proceso en el que cada vez más personas se acostumbran a escucharlo, analizarlo e incluso apoyarlo. Por esa razón, le preocupa que algunas propuestas que hace pocos años habrían generado una fuerte oposición hoy se discutan como opciones normales para enfrentar los desafíos del país.

Al mismo tiempo, Tania reconoce que Costa Rica todavía cuenta con instituciones importantes y con una larga tradición democrática. Menciona a la Sala Constitucional, al Ministerio Público y a otras entidades que forman parte del sistema de controles y equilibrios del país. Sin embargo, advierte que estas fortalezas no son permanentes ni indestructibles. Según ella, las democracias rara vez cambian de manera repentina. Lo más común es que cambien poco a poco, mediante pequeños pasos que, vistos por separado, pueden parecer insignificantes, pero que con el paso de los años terminan produciendo transformaciones muy grandes.

Por eso, el mensaje principal de la autora no es que todas las personas deban estar de acuerdo con ella. Más bien invita a los ciudadanos a observar cuidadosamente lo que ocurre a su alrededor, a informarse, a hacer preguntas y a reflexionar sobre el rumbo que está tomando el país. La pregunta que deja abierta es sencilla pero importante: ¿hacia dónde se está moviendo Costa Rica? ¿Estamos tomando decisiones porque son las mejores para el futuro del país o porque tenemos miedo de los problemas del presente? Y, sobre todo, ¿quién decide cuáles ideas entran y cuáles salen de la ventana de lo que consideramos normal? Esas son las reflexiones que Tania Molina propone para pensar sobre el presente y el futuro de la democracia costarricense.

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