
Resulta curioso observar cómo, en ocasiones, la indignación política parece depender más de quién es la persona que del principio que se pretende defender.
Doña Laura considera llamativo que el abogado de un reconocido criminal haya trabajado anteriormente en el Poder Judicial. Sin embargo, no parece encontrar igual motivo de preocupación cuando se señala que un diputado oficialista ha sido vinculado públicamente, como abogado, con personas relacionadas con el narcotráfico.
Si el cuestionamiento consiste en que un abogado haya representado a determinadas personas o haya ocupado ciertos cargos antes de ejercer otra función, entonces el criterio debería aplicarse por igual, sin importar de qué lado del espectro político se encuentre cada caso.
La credibilidad de un discurso no depende de la fuerza con que se pronuncie, sino de la coherencia con que se sostenga. Cuando un mismo principio se aplica solo a los adversarios y no a los propios, deja de ser un principio para convertirse en una conveniencia política.