
Esta mañana, un día después del Plantón —porque ahora el tiempo de la democracia costarricense parece nombrarse con un antes y un después del Plantón—, me fui a dar un taller a la Asamblea Legislativa.
La vida siguió. Después de todo lo vivido ayer, de la Plaza de la Democracia, de los abrazos, de las fotografías y de tantas emociones juntas, hoy tocaba volver al trabajo. Y ahí estaba yo, cumpliendo con otro de los compromisos que había adquirido desde antes: compartir un taller en uno de los Poderes de la República.
Al terminar, nos fuimos con el grupo a almorzar a un restaurante cercano. Yo suponía que la maratón de fotografías del Plantón había terminado y que, finalmente, volvía a ser simplemente un comensal cualquiera sentado frente a su almuerzo.
Pero no.
En el restaurante había dos mesas ocupadas por unas veinte señoras y un señor. Me reconocieron.
Y volvieron los saludos, las sonrisas, el cariño y, por supuesto, las fotografías.
Así que ahí estaba yo otra vez, un día después del Plantón, posando para nuevas fotos.
Solo que esta vez la Plaza de la Democracia había cambiado de escenario.
Y yo estaba en medio de un jardín de flores. Gracias chicas.
Vinicio Jarquín