Carta abierta a doña Cindy Murillo

Señora Cindy Murillo, diputada de la República de Costa Rica:

Me permito traer a comentario sus palabras del día de hoy, en las que se refirió a doña Abril Gordienko y a doña Claudia Dobles, ambas diputadas de la República electas constitucionalmente y por voluntad popular, y además, en el caso de doña Claudia, excandidata a la Presidencia y exprimera dama de la República, llamándolas “damas de compañía”. Eso, doña Cindy Murillo, me parece absolutamente inaceptable.

Si usted considera, desde el cargo de diputada de la República que hoy ocupa, que no merece el respeto que corresponde a esa investidura, ese será un asunto suyo y una valoración personal. Pero esa decisión no le concede el derecho de faltarle el respeto a otras mujeres que ocupan exactamente el mismo cargo que usted, que llegaron a la Asamblea Legislativa mediante el voto de los costarricenses y que, independientemente de sus posiciones políticas, sus ideas o sus diferencias con usted, merecen el respeto correspondiente a su condición de personas, mujeres y representantes populares.

Mi recomendación, me la permita usted o no, es que en adelante procure mantener un discurso aceptable, respetuoso y digno del cargo que ocupa. Usted no habla únicamente como Cindy Murillo cuando interviene desde una curul. Habla como diputada de la República, desde uno de los poderes de nuestro Estado, y eso implica una responsabilidad que debería estar por encima de las diferencias partidarias, las simpatías personales o las disputas políticas.

Cada vez, señora Murillo, que usted menosprecia a una persona que ocupa un cargo como el suyo, termina también menospreciando la investidura que usted misma ostenta. Si decide hacerlo consigo misma, será asunto suyo. Pero como costarricense, no acepto de ninguna manera que se utilice una curul de la Asamblea Legislativa para tratar de esa forma a nuestras representantes, sean del partido que sean, piensen como piensen y estén o no de acuerdo con usted.

La política puede ser dura. El debate puede ser fuerte. Las diferencias pueden ser profundas. Pero existe una enorme distancia entre debatir ideas y degradar personas. Costa Rica necesita una Asamblea Legislativa capaz de discutir con firmeza sin perder el respeto, porque la dignidad del cargo no depende solamente de cómo exigimos que los demás nos traten, sino, principalmente, de cómo tratamos nosotros a los demás y, más que eso, de cómo nos tratamos a nosotros mismos mientras ejercemos el cargo que estamos utilizando.

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