Hay que señalar lo malo y reconocer lo bueno

Resulta triste leer la nota publicada por Delfino.cr sobre lo ocurrido este jueves en la Asamblea Legislativa. La diputada Cindy Murillo Artavia se negó a disculparse por las palabras que utilizó para referirse a las diputadas Claudia Dobles Camargo y Abril Gordienko López, expresiones que, más allá de cualquier diferencia política que pueda existir entre ellas, considero improcedentes, de muy mal gusto y ofensivas. Incluso después de la controversia generada, la diputada Murillo mantuvo su posición y defendió públicamente sus declaraciones.

Aquí no interesa si Claudia Dobles, Abril Gordienko, Cindy Murillo o cualquier otro diputado pertenece a una agrupación política que nos gusta o nos disgusta. Tampoco se trata de revisar hoy sus trayectorias, sus posiciones ideológicas, sus votaciones anteriores o nuestras diferencias con cada uno de ellos. Estamos hablando exclusivamente de un hecho concreto: una diputada utilizó una expresión ofensiva contra dos compañeras de la Asamblea Legislativa y, cuando tuvo la oportunidad de reconocer que había cruzado una línea que no corresponde al cargo que ocupa, decidió no hacerlo.

Por eso nuestra solidaridad en este caso está con doña Claudia Dobles y doña Abril Gordienko. Las diferencias políticas pueden ser enormes y el debate puede ser duro, pero ninguna de esas diferencias justifica convertir la discusión parlamentaria en ataques personales o expresiones destinadas a menospreciar a quien piensa distinto. Precisamente quienes ocupan los cargos más importantes del país deberían demostrar que es posible enfrentarse políticamente sin perder el respeto por las personas.

Pero también hay algo que merece ser reconocido. El jefe de fracción de Pueblo Soberano, Nogui Acosta Jaén, tomó una posición que considero correcta y necesaria. Se desmarcó de las declaraciones de su compañera y ofreció disculpas a doña Claudia, a doña Abril y a los demás diputados. Además, recordó algo elemental: que quienes llegaron a la Asamblea Legislativa prometieron un debate de altura, productividad y respeto.

Y eso también debemos decirlo.

Podemos tener diferencias enormes con don Nogui Acosta. Podemos haber cuestionado decisiones suyas anterior y seguramente volveremos a hacerlo cuando corresponda. Pero si queremos construir una ciudadanía más seria, también tenemos que aprender a reconocer las buenas actuaciones incluso cuando provienen de personas con las que no coincidimos. La política no debería convertirse en el juego infantil de que todo lo que hace “mi bando” está bien y todo lo que hace “el otro” está mal.

En este episodio particular, repudiamos las palabras de doña Cindy Murillo y, especialmente, su negativa posterior a disculparse. Nos solidarizamos con doña Claudia Dobles y doña Abril Gordienko. Y reconocemos públicamente a don Nogui Acosta por haber hecho lo que correspondía: marcar distancia, bajar el tono y ofrecer una disculpa.

Así debería funcionar también nuestra mirada ciudadana: señalar cuando alguien se equivoca y reconocer cuando alguien hace lo correcto, sin importar de qué lado de la Asamblea se encuentre.

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