Por Vinicio Jarquín, para Apacigua.com

Señor ministro Gabriel Aguilar Vargas:
Ninguna diferencia que podamos tener con usted, ninguna crítica a su gestión y ninguna discusión política pueden justificar una amenaza contra su vida, su integridad o la de su familia. Desde Apacigua condenamos de manera absoluta cualquier forma de violencia, venga de donde venga: la violencia física, los atentados, las amenazas, la intimidación y también esa violencia verbal que tantas veces termina normalizándose desde las redes sociales, los medios de comunicación o incluso desde posiciones de poder. Esperamos sinceramente que usted y su familia se encuentren bien protegidos y que las autoridades correspondientes puedan investigar con toda seriedad cualquier amenaza que haya recibido. Los actos de intimidación no tienen espacio en una democracia y mucho menos pueden convertirse en una herramienta para intentar modificar las decisiones de un funcionario público.
También nos alegra saber que usted continuará al frente del Ministerio de Justicia y Paz y que no permitirá que una amenaza lo haga abandonar las responsabilidades que le fueron confiadas. Costa Rica necesita funcionarios capaces de enfrentar con firmeza al crimen organizado, al narcotráfico, a la corrupción y a quienes, desde dentro o fuera del sistema penitenciario, pretendan desafiar la autoridad legítima del Estado. Nos alegra, además, escuchar de usted que continuará firme en esa tarea, porque el país necesita instituciones que funcionen y jerarcas capaces de asumir plenamente las responsabilidades de los cargos que ocupan.
Precisamente porque queremos que le vaya bien, permítame decirle algo más. Su ministerio lleva dos palabras particularmente importantes: Justicia y Paz. La justicia necesita autoridad, disciplina, determinación y carácter. Pero la paz necesita también serenidad, prudencia, diálogo y una enorme capacidad para comprender que el poder del Estado no solamente se demuestra en lo que se decide, sino también en la manera en que se ejerce y en la forma en que se comunica a la ciudadanía. Un ministro puede ser profundamente firme sin necesidad de convertir cada diferencia en una confrontación, y puede ejercer toda la autoridad que la ley le concede sin perder la mesura que corresponde a una posición de tan alta responsabilidad.
Entendemos que usted cuenta hoy con el respaldo y la aprobación de una parte importante de la población, especialmente de quienes votaron por el oficialismo y comparten muchas de las decisiones que está tomando desde el Ministerio de Justicia y Paz. Ese respaldo tiene valor y seguramente le proporciona fortaleza para continuar. Pero me pregunto, señor ministro, si delante de usted no existe una oportunidad todavía mayor. ¿Por qué conformarse con la aprobación de quienes ya están de su lado, si podría aspirar a realizar una gestión que algún día pueda ser reconocida por Costa Rica entera?
Hoy nuestra sociedad está profundamente dividida. En las calles, en las redes sociales, en las conversaciones familiares y en la discusión política pareciera que existen dos grandes bandos que se observan permanentemente con desconfianza. Cada palabra se interpreta como una provocación y cada decisión parece obligarnos inmediatamente a escoger de qué lado estamos. Tal vez uno de los mayores desafíos de quienes hoy ejercen el poder sea precisamente demostrar que gobernar no significa únicamente satisfacer a quienes los llevaron hasta allí, sino comprender que, una vez asumido el cargo, la responsabilidad es con todos los costarricenses.
Me pregunto si usted, don Gabriel, tendrá la capacidad de convertirse en uno de esos funcionarios capaces de trascender esa división. ¿Tendrá la capacidad de ser un ministro que, sin renunciar a la firmeza frente al delito, pueda también ganarse el respeto de quienes hoy lo cuestionan? ¿Podrá ejercer autoridad sin contribuir a profundizar esa división que tanto daño nos está haciendo? ¿Podrá demostrar que es posible combatir con toda la fuerza de la ley al narcotráfico, al crimen organizado y a la corrupción y, al mismo tiempo, conservar una relación de respeto y confianza con una ciudadanía diversa que no necesariamente piensa de la misma manera?
No tendría que abandonar una sola de sus convicciones para conseguirlo. Bajar el tono no significa bajar la guardia. Escuchar no significa ceder frente al crimen. Hablar con serenidad no significa ejercer menos autoridad. Ser prudente no significa ser débil. Y reconocer que alguna decisión, alguna palabra o alguna forma de comunicar puede revisarse o mejorarse tampoco disminuye a un funcionario público. Por el contrario, muchas veces lo engrandece. La autoridad no pierde fuerza cuando se ejerce con respeto; posiblemente gana legitimidad.
Quizá este difícil momento pueda convertirse también en una oportunidad para la reflexión. Para detenerse por un instante, observar su propia gestión con serenidad, analizar aquello que está funcionando, reconocer lo que podría funcionar mejor y valorar no solamente el contenido de las decisiones, sino también la forma en que sus palabras y actuaciones están siendo recibidas por una ciudadanía que necesita seguridad, pero que necesita igualmente tranquilidad. Las responsabilidades de un ministro no son pequeñas, y precisamente por eso cada palabra, cada gesto y cada decisión adquieren una dimensión que posiblemente no tendrían en cualquier otro ciudadano.
Costa Rica necesita cárceles donde exista orden y disciplina. Necesita funcionarios íntegros. Necesita combatir frontalmente el narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción. Necesita que quienes hayan sido condenados cumplan las penas que establece la ley y que el sistema penitenciario deje de convertirse en terreno fértil para organizaciones criminales. Necesita también proteger a los funcionarios honestos y enfrentar con firmeza a quienes, desde cualquier posición, colaboren con estructuras criminales. En todo eso, señor ministro, esperamos que usted sea firme.
Pero Costa Rica necesita además que todo eso ocurra dentro de los principios fundamentales de un Estado democrático de derecho, respetando nuestra Constitución, nuestras leyes, la institucionalidad, la dignidad humana y esa vocación de paz que durante tantas décadas ha distinguido a nuestro país. El desafío no consiste solamente en imponer orden; consiste en demostrar que una democracia puede ser fuerte sin dejar de ser democrática, que un Estado puede combatir el crimen sin renunciar a sus principios y que un ministro de Justicia puede ejercer autoridad sin olvidar que también es ministro de Paz.
Usted ya tiene el respaldo de quienes creen en este Gobierno. El verdadero desafío sería conseguir algo mucho más difícil: que al terminar su gestión también aquellos que nunca apoyaron al oficialismo puedan reconocer que usted hizo un buen trabajo. Imagínese, señor ministro, llegar al final de su periodo y escuchar a una persona de la oposición decir: “No siempre estuve de acuerdo con él, pero fue un buen ministro de Justicia y Paz”. Eso no sería una derrota para nadie. Sería una victoria para usted y, sobre todo, sería una victoria para Costa Rica.
No le deseamos que afloje, señor ministro. Le deseamos que acierte. Que sea firme cuando corresponda, sereno cuando sea necesario y suficientemente prudente para comprender que la autoridad no pierde fuerza cuando se ejerce con respeto. Costa Rica necesita que le vaya bien. Ojalá aproveche esta oportunidad para realizar una gestión que pueda ser recordada no solamente por quienes hoy lo respaldan, sino también por quienes hoy lo cuestionan. Ese sería, posiblemente, uno de sus mayores triunfos.
Finalmente, señor ministro, desde Apacigua queremos ponernos a sus órdenes. Nuestras plataformas, nuestra experiencia y nuestra preparación profesional estarán disponibles si en algún momento considera que podemos colaborar, dentro de la línea de respeto, diálogo, serenidad y construcción de paz que aquí le proponemos y que forma parte de nuestros valores y principios. No para acompañar posiciones políticas ni para renunciar a nuestra independencia y capacidad crítica, sino para aportar, cuando sea posible, a cualquier esfuerzo que ayude a acercar a los costarricenses, fortalecer nuestra institucionalidad y devolver un poco de calma a un país que hoy la necesita. Si desde ese espacio podemos ser útiles, cuente con nosotros.
Con respeto,
Vinicio Jarquín
Fundador y director de Apacigua.com