
Esta mañana estrené un nuevo desodorante. Era de la misma marca que los que suelo usar, pero de una modalidad distinta. Los anteriores tienen una tapa que se abre jalándola, a presión, así que hoy hice exactamente lo mismo. Jalé una vez. No abrió. Jalé otra vez, con más fuerza. Tampoco. Y seguí intentando, cada vez con más ganas, convencido de que lo que necesitaba era hacer un poco más de fuerza. Hasta que me di cuenta de algo muy simple: este nuevo envase no se abría jalando. La tapa era de rosca. Entonces la giré suavemente y se abrió sin resistencia.
Y me quedé pensando. ¿Cuántas veces en la vida hacemos exactamente lo mismo? ¿Cuántas veces nos empeñamos en hacer fuerza sobre algo que no cede, simplemente porque estamos intentando resolverlo de la misma manera en que resolvimos algo parecido antes? Aumentamos el esfuerzo, insistimos, apretamos más, empujamos más fuerte, nos cansamos, nos frustramos y hasta empezamos a pensar que el problema somos nosotros, cuando tal vez lo único que hacía falta era darle una vueltita.
A veces no necesitamos más fuerza. Necesitamos otra manera. No todo lo que se parece funciona igual. No todo proyecto se abre con la misma llave. No todas las personas responden de la misma forma. No todas las dificultades se resuelven insistiendo más. Hay situaciones en las que perseverar es importante, claro, pero también hay otras en las que perseverar de la manera equivocada solamente nos agota.
Por eso, la próxima vez que tengás un proyecto, una tarea, una faena o una situación que parezca resistirse, quizá te convenga hacer algo antes de empezar a jalar con ahínco: probar la solución más sencilla, la que te genere menos esfuerzo, la que quizá no habías considerado porque estabas demasiado concentrado en repetir lo que siempre habías hecho. Tal vez no sea necesario luchar tanto, tal vez no tengás que empujar más fuerte y tal vez no haga falta insistir de la misma manera.
Porque a veces la vida no está pidiendo más fuerza. Está pidiendo que probemos de otra manera. Y como decimos en Costa Rica: vale más maña que fuerza.
Tal vez solo hacía falta darle una vueltita.