No la vi venir

No la vi venir. Cuando vinieron por mí, supuse que podía tener que ver con que, de alguna manera, mi voz había adquirido cierta importancia dentro del bloque democrático. Después siguió Piero. Y ahora vienen contra Paula, una generadora de contenido ampliamente reconocida y seguida por muchísimas personas. Entonces, inevitablemente, comienzo a hacerme una pregunta que hace unos días ni siquiera se me habría ocurrido: ¿quién sigue después?

En mi caso, Pedro, asesor del despacho de Claudia Dobles —aunque tanto él como ella han señalado que sus manifestaciones fueron hechas a título personal— publicó información sobre mí que, desde mi perspectiva, mezclaba verdades parciales con interpretaciones y conclusiones que terminaron construyendo una historia que no correspondía con la realidad. Aquello fue posteriormente replicado por otras personas y terminó siendo creído incluso por algunos vinculados con organizaciones y actividades del mismo bloque democrático. Tal vez para ellos fue fácil creerlo. Yo era el primero. No había antecedentes que permitieran pensar que algo semejante podía comenzar a ocurrir entre personas que, en principio, defendíamos una misma causa democrática. Y precisamente por eso no los culpo por haber tenido dudas. Si alguien recibe determinada información presentada como cierta y todavía no conoce la otra versión, es comprensible que pueda creerla.

En aquel momento pensé que se trataba de un hecho aislado, de algo relacionado conmigo, con alguna diferencia particular o con alguna circunstancia que yo desconocía. Por eso prácticamente no hablé del tema. Después apareció otro caso. Y ahora otro. Hoy observo lo que está ocurriendo alrededor de Paula y comienzo a preguntarme si aquello que viví era tan aislado como inicialmente pensé. No afirmo que exista una relación entre unos casos y otros porque no tengo elementos para hacerlo. Lo que sí veo es un fenómeno que debería preocuparnos: diferentes voces dentro del bloque democrático están siendo cuestionadas, desacreditadas o puestas bajo sospecha, y eso puede tener consecuencias que van mucho más allá de cada persona involucrada.

Porque la desconfianza se contagia. Primero dudamos de uno. Después de otro. Después de otro. Hasta que podemos terminar desconfiando de todos. Y cuando un movimiento democrático pierde la confianza entre quienes lo conforman, puede terminar debilitándose sin necesidad de que nadie consiga derrotarlo desde afuera. Eso es precisamente lo que ahora me preocupa. El ataque que yo viví no vino del adversario político que todos estábamos observando. Vino desde dentro del propio bloque democrático, donde algunas personas, por razones que todavía desconozco, terminaron participando o amplificando aquella situación. Y posiblemente ese fue mi mayor error: yo estaba mirando hacia el frente. No imaginé que tendría que mirar también hacia los lados.

Ahora lo digo porque creo que quienes hemos construido espacios de comunicación debemos estar preparados. Me preocupa quién pueda ser el siguiente. ¿Sergio? ¿Bryan? ¿Feoli? Personas apreciadas por muchísimos de nosotros. Generadores de contenido que durante mucho tiempo han construido credibilidad con trabajo, presencia y responsabilidad. Y sé perfectamente lo que puede suceder porque ya lo viví. Si mañana aparece una publicación suficientemente convincente contra cualquiera de ellos, posiblemente algunos comenzaremos a preguntarnos: “¿Será cierto?”. Eso es humano. Lo peligroso comienza cuando convertimos inmediatamente esa duda en sentencia.

Por eso creo que debemos aprender algo de todo esto. No creamos automáticamente todo lo que se publique, pero tampoco rechacemos automáticamente una denuncia simplemente porque afecte a alguien que apreciamos. Hagamos algo mucho más democrático: demos derecho de respuesta. Escuchemos. Preguntemos. Contrastemos. Revisemos trayectorias. Veamos quién está diciendo qué, qué pruebas presenta y cuál es la respuesta de la persona señalada. Porque si durante meses o años hemos seguido a alguien, hemos leído sus publicaciones, escuchado sus argumentos y reconocido su trabajo, lo mínimo que esa persona merece cuando alguien la acusa es nuestra disposición a escucharla antes de condenarla. Eso no significa defender ciegamente a nadie. Significa algo muchísimo más sencillo: ser justos.

Hoy pienso incluso en quienes dudaron de mí cuando aquello comenzó. No les guardo resentimiento. Probablemente yo mismo podría haber dudado si hubiera recibido solamente una parte de la información. Pero ahora tenemos una ventaja que entonces no teníamos: ya sabemos que estas cosas pueden ocurrir. Y si vuelven a ocurrir, debemos tener la inteligencia suficiente para no convertirnos involuntariamente en amplificadores de rumores, acusaciones o versiones parciales antes de conocer todos los elementos. Podemos preguntar. Podemos dudar. Podemos exigir explicaciones. Lo que no deberíamos hacer es condenar primero y averiguar después.

Porque detrás de cada señalamiento habrá una persona. Después podría ser Kevlo, Juamba o York, y después cualquier otro. Incluso alguien en quien hoy confiamos profundamente. Y quizá el mayor peligro ni siquiera sea destruir individualmente a ninguno de ellos. Quizá el verdadero daño ocurra si terminamos haciendo algo mucho más sencillo y mucho más peligroso: dejar de confiar unos en otros. Eso sería suficiente para debilitarnos.

Una de las próximas batallas podría no consistir únicamente en defendernos de quienes piensan diferente. Podría consistir también en evitar que quienes compartimos la defensa de la democracia terminemos destruyéndonos entre nosotros. Podemos tener diferencias enormes. Podemos cuestionarnos. Podemos incluso dejar de caminar juntos. Todo eso es legítimo. Lo que no podemos permitir es que la sospecha sustituya a los hechos, que el rumor sustituya a las pruebas o que nuestras diferencias terminen convirtiéndonos en enemigos. Esa sí sería una derrota enorme.

Aquella primera publicación hecha por Pedro generó muchas interrogantes y nos obligó a revisar muchas cosas como movimiento. No conozco cuáles fueron sus intenciones y no quiero afirmar aquello que no puedo demostrar. Sí conozco, en cambio, sus consecuencias.

No quiero convertir mis preguntas en afirmaciones ni mis sospechas en certezas. Pero me quedo pensando si todo esto que sucedió nació realmente dentro del bloque democrático o si, en algún momento, alguien salió a darse un paseíto a la acera del frente.

No la vi venir; pero ahora si la estoy viendo.

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