Una víctima nos recuerda a todas

Desde Apacigua lamentamos profundamente la muerte violenta de Alberto José Zamora Solano, joven costarricense, dirigente político y excandidato a diputado por la provincia de Cartago. Pero queremos hacerlo con mucho cuidado, porque su nombre es conocido y su participación en la vida política hace que hoy su muerte encuentre espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales. Y sería injusto olvidar que, junto a él, murió también otra persona, y que antes de ellos muchas familias costarricenses han recibido esa llamada, esa noticia o ese golpe que cambia la vida para siempre.

No lamentamos la muerte de Alberto Zamora porque fuera político. La lamentamos porque era una persona. Y desde ahí queremos extender este mensaje a todas las víctimas de la violencia en Costa Rica: a las conocidas y a las anónimas; a aquellas cuyos nombres llegan a los titulares y a aquellas cuya muerte apenas ocupa unas líneas; a las familias que reciben condolencias públicas y a las que lloran prácticamente en silencio. Cada víctima tenía una historia. Tenía personas que la amaban. Tenía proyectos, recuerdos, conversaciones pendientes y un lugar que después de su partida queda vacío.

No conocemos todavía las circunstancias que rodearon la muerte de Alberto Zamora y corresponde exclusivamente a las autoridades investigarlas y esclarecerlas. Apacigua no pretende especular sobre ellas ni convertir una tragedia en argumento político. Lo que sí queremos decir es que no podemos acostumbrarnos. No podemos permitir que una muerte violenta se convierta simplemente en otra cifra, otro titular, otra noticia que miramos durante unos segundos antes de continuar desplazando la pantalla.

Costa Rica ha construido buena parte de su identidad alrededor de la paz. Por eso cada manifestación de violencia debería interpelarnos, independientemente del apellido de la víctima, de su profesión, de su partido político, de su condición económica o de la cantidad de personas que conozcan su nombre. Hoy conocemos el nombre de Alberto José Zamora Solano y por eso lo mencionamos. Pero al pronunciarlo queremos recordar también los nombres que no conocemos.

A su familia, a sus seres queridos y a quienes compartieron con él nuestro respeto y nuestras condolencias. Y también nuestro abrazo a la familia y seres queridos de la otra persona que perdió la vida en estos mismos hechos. Y a todas las familias costarricenses que han perdido a alguien como consecuencia de la violencia, incluso cuando el país nunca conoció sus nombres, queremos decirles algo sencillo: su dolor también importa, su pérdida también importa y esa vida también importaba.

Desde Apacigua hacemos un llamado a no normalizar la violencia y a seguir construyendo una Costa Rica en la que la paz no sea solamente parte de nuestra historia, sino también una responsabilidad cotidiana.

Apacigua
Por la paz, la convivencia y el respeto a la vida.

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