(Sarcasmo)

Me encantaría ser un apaciguador global y poder hablarles a todas las clases socioeconómicas del país al mismo tiempo, pero hay momentos en que no se puede. Así que hoy este artículo viene descaradamente dirigido a la clase media y a la clase media alta. La clase alta puede seguir tranquila, porque generalmente tiene cómo resolver sus problemas sin demasiados sobresaltos, y a la clase baja hoy no tengo cómo apaciguarla. Ya llegará su turno. Hoy quiero concentrarme en ustedes, señores de la clase media, porque creo que necesitan un poco de tranquilidad en medio de tantas noticias preocupantes.
Hemos escuchado mucho sobre la situación de la Cruz Roja Costarricense, sobre presupuestos, recortes, dificultades y posibles afectaciones en la atención de emergencias. Yo no voy a explicarles el asunto porque no tengo toda la información y, francamente, tampoco hace falta para el propósito de este artículo. Lo importante es que se ha dicho que podría haber dificultades para atender accidentes, emergencias, traslados de pacientes y otras de esas pequeñeces que suelen ocurrir cuando a alguien le da un infarto, se accidenta, se cae, se enferma grave o simplemente necesita llegar vivo a un hospital. Pero tranquilos. No se angustien. Costa Rica todavía cuenta con ambulancias privadas. Solo tienen que comenzar a apartar un poquito más de plata todos los meses. Tal vez menos restaurantes, menos vacaciones, menos ahorro, menos ropa, menos entretenimiento. Nada grave. Todo sea por la tranquilidad de saber que si algún día ustedes quedan tirados en una carretera, habrá alguien dispuesto a recogerlos, siempre y cuando puedan pagarlo.
Y como la ambulancia solamente resuelve el pequeño detalle de trasladarlos, también convendría que comiencen a pensar adónde van a llevarlos. Claro que está la Caja Costarricense de Seguro Social, con sus hospitales, sus médicos y todo el enorme sistema público que por décadas nos ha permitido vivir con cierta tranquilidad. Pero como también escuchamos constantemente sobre listas de espera, saturación de emergencias, atrasos y otros pequeños inconvenientes, quizá sería bueno aprovechar de una vez y comprarse un seguro médico privado. No se preocupen por el costo. Seguro pueden encontrar algún espacio en el presupuesto. Después de todo, si ya lograron meter la cuota del carro, la casa, la educación, la comida, los servicios, los impuestos, el combustible, la electricidad y la ambulancia privada, seguro cabe también el seguro médico. Uno siempre encuentra campo cuando la vida depende de eso.
Y qué dicha que los hospitales privados siguen creciendo, construyendo torres nuevas, ampliando instalaciones y llegando a lugares donde antes ni siquiera estaban. Eso debería tranquilizarnos muchísimo. Porque si alguna vez sentimos que el sistema público no logra atendernos con la rapidez que necesitamos, ahí estarán esas maravillosas torres privadas, llenas de luces, especialistas, máquinas y habitaciones impecables, listas para recibirnos. Solo hay un pequeño requisito: tener cómo pagarlas. Pero ustedes son clase media. Alguna solución encontrarán. Una tarjeta de crédito, un préstamo, vender algo, usar los ahorros, endeudarse unos años. Para eso está la creatividad costarricense.
Así que, señores de la clase media y media alta, apacígüense. De verdad. No hagan drama. Solo agreguen a su presupuesto una ambulancia privada, un seguro médico, hospitalización, especialistas, medicamentos, exámenes y cualquier otra cosita que vaya apareciendo. Todo está perfectamente bien mientras ustedes puedan pagarlo. La clase alta probablemente ni siquiera tendrá que pensarlo mucho. La clase media alta hará algunos ajustes. La clase media hará malabares. Y quienes no puedan pagar… bueno, supongo que tendrán que confiar en que el sistema todavía alcance para ellos.
Porque al final esa parece ser la nueva tranquilidad: no que los servicios esenciales funcionen para todos, sino que cada uno tenga suficiente dinero para salvarse por su cuenta.