Hagamos una pausa:

Un llamado a la calma, el respeto y la altura.

Esta tarde me topé con un grato video de don Carlos Hidalgo, alcalde de Turrialba. No lo conocía personalmente, conseguí su número de teléfono y le escribí simplemente para felicitarlo por sus palabras. Me parece que él tampoco había escuchado de mí, así que seguramente ambos tendremos que informarnos un poquito más sobre quién está al otro lado de la conversación. Intercambiamos unas palabras y don Carlos me manifestó que estaba para servirme y que cualquier apoyo para ayudar a dar a conocer este mensaje de paz sería valioso.

Y quiero felicitar especialmente a don Carlos porque, en momentos como los que estamos viviendo, tiene un valor particular que una persona que ya está dentro de la vida política haga un llamado de este tipo. Es muy fácil pedir respeto, diálogo y moderación desde afuera; hacerlo desde adentro, cuando la confrontación forma parte del ambiente cotidiano, me parece todavía más importante. Su mensaje no evade las diferencias ni pretende que todos pensemos igual. Al contrario, reconoce que podemos tener diferencias ideológicas, partidarias y de criterio, pero nos recuerda que ninguna de ellas debería hacernos perder el respeto ni convertir al otro en enemigo.

Don Carlos hace una invitación que me parece sencilla, pero tremendamente necesaria: hagamos una pausa. Porque la confrontación política ya no parece quedarse únicamente dentro de la Asamblea Legislativa, los partidos o las actividades públicas. Como él mismo señala, esa violencia verbal y ese enfrentamiento se están trasladando a las carreteras, a las familias, a las oficinas, a las iglesias y hasta a las amistades de muchos años. Y cuando la política empieza a romper la convivencia cotidiana de un país, entonces ya no estamos hablando únicamente de política; estamos hablando de la forma en que estamos aprendiendo a tratarnos unos a otros.

Me quedo especialmente con una palabra de su mensaje: altura. Altura para disentir sin insultar, para debatir sin humillar, para defender una posición sin despreciar a quien piensa diferente y, sobre todo, para recordar que la razón de ser de quienes ocupan cargos públicos debería seguir siendo la ciudadanía. La política puede tener partidos, corrientes, intereses y diferencias profundas, pero nunca debería olvidar que su propósito fundamental es servirle a la gente.

Por supuesto, puse las plataformas de Apacigua.com a disposición de don Carlos. Apacigua está a su servicio, como lo está de cualquier persona o institución cuyo mensaje y actuación se ajusten a nuestros valores y principios y en donde la ciudadanía sea siempre lo primero. No se trata de partidos ni de simpatías políticas; se trata de abrir espacios para aquello que ayude a bajar la confrontación, fortalecer el respeto, sostener la convivencia democrática y volver a poner a Costa Rica por encima de nuestras diferencias.

Gracias, don Carlos Hidalgo, por levantar la voz precisamente para pedir que bajemos el tono. Ojalá más personas dentro de la política hagan llamados semejantes y nos recuerden que podemos pensar distinto sin dejar de reconocernos como parte de un mismo país.

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