Cuando la comida en prisión revela quiénes somos

Un informe reciente expuso que las personas privadas de libertad reciben la comida fría, sucia, mal cocinada y sin sabor. La noticia por sí sola ya debería preocuparnos; pero lo que me sorprende aún más son los comentarios de la gente, porque ahí es donde se desnuda la verdadera cara de la sociedad.

Algunos dicen: “Que aprendan a cocinar cuando salgan, así podrán darse el gusto”. Otros: “Diay, si es gratis, ¿querían de un restaurante de cinco estrellas?”. Y los más radicales llegan a afirmar que los presos han perdido todos sus derechos.

Pero aquí está la cuestión: lo que se refleja en esos comentarios no es justicia, sino venganza disfrazada de moralidad. Porque los derechos humanos no son un premio por portarse bien; son mínimos básicos que no se quitan ni siquiera en la cárcel. La pena es la privación de libertad, no la humillación disfrazada de alimentación.

La discusión sobre si merecen o no comida con sabor, caliente y digna, es en realidad una excusa. El verdadero tema es cómo nosotros, como sociedad, valoramos la humanidad de los demás. Si creemos que maltratar con indiferencia es “lo que se merecen”, lo que estamos mostrando es nuestra propia sed de castigo.

Y ahí viene la pregunta incómoda: ¿qué pasaría si uno de esos privados de libertad fuera mi hijo? No importa si está ahí porque lo merece, si cometió un error o un delito. ¿Preferiría que reciba comida fría, sin sal, sin calor humano? ¿O que, aun pagando por sus actos, se le reconozca la mínima dignidad de un plato de comida sencilla, pero bien hecha?

Un país que normaliza el maltrato “porque se lo buscaron” va sembrando una semilla peligrosa: la deshumanización. Hoy es contra los presos, mañana contra los migrantes, pasado contra cualquiera que resulte incómodo.

Lo que está en juego no es la sazón de una sopa en una cárcel. Lo que está en juego es nuestra capacidad de reconocer la dignidad humana aun en quienes han fallado. Porque una sociedad que se permite quitar dignidad a unos, tarde o temprano aprenderá a quitársela a cualquiera.

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