Carta de Costa Rica a sus hijos

Yo también los amo. Aunque a veces no lo parezca, aunque me duela lo que hacen con mi nombre, yo también los amo.

Los amo cuando despiertan temprano para trabajar, cuando enseñan a sus hijos a decir “buenos días”, cuando comparten el poco café que queda en la cafetera, cuando se detienen en la carretera para dejar pasar a otro carro. Los amo incluso cuando se equivocan, porque siguen siendo mis hijos.

He estado callada, lo sé. Los he visto discutir, dividirse, pelearse por colores, por partidos, por promesas que ni siquiera son suyas. He escuchado cómo usan mi bandera para golpear con ella al que piensa distinto, y cómo la doblan con rabia después de cada elección.
Y aunque me duele, no los juzgo. Sé que lo hacen porque tienen miedo, porque sienten que los traicionaron, porque no confían en nadie.

Pero déjenme decirles algo: No todo está perdido. Yo sigo aquí. Con mis montañas cubiertas de neblina, mis mares inquietos, mis pájaros que despiertan cantando incluso en medio del ruido. Yo sigo respirando. Y cada vez que uno de ustedes siembra, enseña, cura, escucha, pinta, escribe o ama, yo renazco un poquito más.

No me pidan que esté del lado de nadie. Yo no tengo bandos. Mi corazón está dividido en siete provincias y late al ritmo de cada uno de ustedes.

Soy Guanacaste ardiendo bajo el sol, soy Limón danzando con el Caribe, soy San José con su caos y sus sueños, soy Heredia con su lluvia mansa, soy Puntarenas con su horizonte abierto, soy Alajuela con su fuerza trabajadora, soy Cartago con su fe que nunca muere.
Soy todas y cada una, y no puedo elegir entre mis hijos.

A veces los veo cansados, decepcionados, sin esperanza. Y quisiera recordarles algo que ustedes mismos me enseñaron: Que la paz no se firma, se practica. Que la libertad no se hereda, se cuida. Y que la decencia no se exige a los políticos, se siembra en casa.

Los amo cuando protestan, pero más aún cuando escuchan. Los amo cuando defienden lo que creen, pero más aún cuando lo hacen con respeto. Los amo cuando lloran por mí, porque sé que todavía les importo.

No quiero verlos pelear por mí. Quiero verlos construir conmigo. Quiero que me vuelvan a caminar, a mirar, a cuidar. Que me pinten, me escriban, me siembren, me limpien. Que vuelvan a sentir orgullo cuando digan “soy costarricense”.

Yo no les pido tanto. Solo que no me olviden en medio del ruido. Solo que no dejen que el  odio los haga sordos ni que la indiferencia los adormezca. Porque si ustedes dejan de amarse entre sí, yo empiezo a desaparecer.

Yo también los amo. Y los espero, como siempre, con los brazos abiertos, con mis montañas verdes, mis lluvias lentas y mis atardeceres que no se repiten en ningún otro lugar del mundo.
Los espero para volver a empezar juntos. Para volver a ser el país que alguna vez fuimos, y que todavía podríamos ser.

Porque el amor no se agota. Solo se apaga un rato, hasta que alguien —como ustedes— decide encenderlo otra vez.

2 comentarios en “Carta de Costa Rica a sus hijos”

  1. ANA HAZEL Villar Barrientos

    🥹 increíble lección de amor, me llena de emoción y alegría pensar que este texto llegue al alma misma de cada costarricense.
    Lo compartiré una y las veces que pueda, en mi familia y amigos y los no tan amigos. Todos somos uno.
    Me uno a ese ejército de esperanza, para que juntos sobrellevemos estos duros momentos con ilusión y esperanza.
    Gracias de nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio