
Hoy quiero contarte algo. Hace unos días hablé con una amiga a quien quiero mucho. Estábamos conversando sobre todo este movimiento que se ha generado con mis publicaciones y ella, con una dulzura enorme, me dijo que le gustan mis textos, que siente calma al leerlos, que le hacen pensar sin sentirse atacada. Me lo dijo con una sinceridad tan bonita que todavía la tengo en la memoria.
Pero en esa misma conversación, también me contó que ella y su familia apoyan al gobierno actual, que creen en el continuismo y en lo que se ha hecho. Lo dijo sin confrontar, sin levantar la voz, solo desde su fe en lo que piensa. Yo la escuché, y aunque sé que no pensamos igual, no hubo ni tensión ni enojo. Al contrario, fue una charla bonita, de esas que uno quisiera repetir.
Y al quedarme solo, pensé en algo que me conmovió: que quizás ese sea el valor de escribir desde la paz. Que cuando uno habla sin odio, incluso los que piensan distinto pueden escucharte. Que el respeto todavía tiene poder, aunque el ruido a veces lo tape.
Por eso sigo escribiendo como escribo: sin gritar, sin imponer, sin usar las palabras para dividir. Porque no quiero convencer a nadie de pensar como yo; quiero que pensemos, todos, con serenidad. Que cada quien encuentre su propia verdad, pero desde un lugar más humano.
A veces me dicen que mis publicaciones son suaves, que no atacan lo suficiente. Y puede ser. Pero yo no quiero sumar más enojo al que ya hay. Creo que si sembramos paz, cosechamos reflexión. Que si hablamos con respeto, hasta quien no está de acuerdo puede escucharnos sin defenderse.
Esa, tal vez, es mi pequeña forma de resistir: no gritar más, sino hablar más claro. No empujar, sino invitar.
Y hoy quiero agradecerte, de verdad, por acompañarme en este camino. Por leer, por compartir, por sentir. Porque cada mensaje que recibo, cada comentario, cada gesto de apoyo, me recuerda que todavía hay mucha gente buena que quiere un país más sereno, más consciente, más nuestro.
El día de hoy di dos clases de acuarela, una en la mañana y otra en la tarde. Y aunque en ninguna de las dos hablamos de política ni de candidatos, sí hablamos de algo mucho más esencial: la necesidad de retomar la paz. De limpiar el ambiente de tanta bulla, tanto ruido, tantas amenazas y dudas que se han ido instalando en el aire. Fue muy bonito y revelador escuchar a mis estudiantes —adultos todos, algunos ya mayores— hablar desde ese anhelo de calma, de armonía, de volver a la serenidad que da pensar con claridad. Me di cuenta, una vez más, de que esa es también mi tarea y mi responsabilidad: seguir escribiendo, seguir pintando, seguir diciendo lo que digo, para ayudar a que entre todos sembremos un poquito de paz en medio de tanto ruido. Esta campaña que estamos llevando juntos también es eso: una campaña por la conciencia.
Ah, y antes de irme, te cuento algo con ilusión: he aceptado una entrevista en televisión. No será para hablar de política directamente, sino de desarrollo personal con énfasis en política: cómo cuidar el alma cuando el país parece en guerra. En pocos días te contaré más.
Gracias por estar.
Gracias por leer.
Gracias por creer.
Vinicio Jarquín
“Apacigua tu ser interior para tomar mejores decisiones”.