
Cada cuatro años, Costa Rica entra en una etapa única: el período electoral. Y cuando eso sucede, hay una institución que pasa a tener un papel central en la vida del país: el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
El TSE no es un ministerio ni una oficina del Gobierno. Es un poder constitucional autónomo, con el mismo rango que los otros poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Su función no es política: es garantizar que las elecciones sean limpias, transparentes y confiables.
Durante el período electoral, el TSE asume el control total del proceso democrático. Eso significa que nadie puede interferir en su trabajo, ni el presidente, ni los diputados, ni ningún otro órgano del Estado.
El Tribunal supervisa, autoriza, fiscaliza y, si es necesario, corrige o detiene acciones que puedan alterar la igualdad entre los partidos o afectar la transparencia del proceso.
Cuando el TSE “le da órdenes” al Gobierno, a instituciones públicas o a partidos políticos, no lo hace por soberbia. Lo hace porque la Constitución le otorga ese poder. El artículo 99 establece que el TSE tiene autoridad exclusiva e independiente en materia electoral, y el artículo 102 le otorga funciones que incluyen:
• Organizar y vigilar los actos relativos al sufragio.
• Interpretar de manera exclusiva la normativa electoral.
• Fiscalizar las finanzas de los partidos políticos.
• Garantizar la libertad del voto y la pureza de las elecciones.
Dicho en sencillo: cuando hay elecciones, el TSE es el árbitro máximo del país. Y como en todo partido, cuando el árbitro pita, se respeta el pito, aunque no nos guste la decisión.
Durante estos meses, el TSE puede incluso ordenar al Poder Ejecutivo que suspenda actos o decretos que puedan afectar la equidad de la contienda.
También puede llamar la atención a partidos por usar recursos públicos o institucionales para hacer campaña, y advertir a medios o voceros si incurren en prácticas que violan la neutralidad.
No es que el TSE “controle el país” en tiempos electorales, sino que controla el proceso democrático. Es decir: vigila que el juego sea limpio. Y en democracia, eso es vital. Porque si un candidato, un partido o incluso el Gobierno pudiera actuar sin límites durante una campaña, la elección dejaría de ser libre. Y sin elecciones libres, no hay República.
Así que cuando escuches que el TSE “dio órdenes”, “detuvo un decreto” o “pidió explicaciones”, no lo tomes como un acto de confrontación. Tómalo como lo que realmente es: la Constitución funcionando. El TSE no defiende a un partido. Defiende tu derecho a elegir. Y eso, en un país pequeño, libre y democrático como el nuestro, es algo que debemos proteger con orgullo.
Hoy a mi esposo José Fabio Arias Ureña quien es abogado y pasó un curso q le hicieron lo llamaron para juramentarlo hoy en una escuela de Goicohechea Mata de Plátano Nadie aviso nada y mi esposo estuvo media hora esperando Me parece de mal gusto U de mucha responsabilidad cambiar de lugar y no llamarlo para decirle