Quiero compartirte algunas impresiones que he venido recogiendo en conversaciones con personas que saben de política, que la han estudiado, que la han vivido de cerca y, sobre todo, que tienen la humildad y la paciencia de explicar sin soberbia. No escribo esto desde ninguna camiseta partidaria, ni con intención de orientar tu voto, y ciertamente no para que Apacigua tu ser interior sea parte de tu decisión.
Lo que sigue es un ejercicio de lectura del ambiente. Nada más.
Según estas conversaciones, todo indica que a doña Laura Fernández no le alcanzarían los votos para ganar en primera ronda. Eso abriría, casi con seguridad, el escenario de una segunda ronda electoral.
En ese contexto, el análisis se vuelve más interesante.
Con respecto a la candidatura presidencial, algunas voces coinciden en que a don Juan Carlos Hidalgo podría costarle llegar a una segunda ronda directamente enfrentando a doña Laura Fernández. Sin embargo, algunos análisis de gente del PUSC, señalan algo relevante: podría ser el candidato con mejores condiciones para disputar ese espacio, precisamente porque no carga con los anticuerpos históricos que arrastran partidos como el PLN o el PAC. Eso le permitiría, al menos en teoría, aglutinar a sectores muy diversos que no desean el continuismo, sin tantas resistencias internas. Aunque recientemente, alguien indicaba que, aunque no carga con los anticuerpos del PLN y del PAC, si lo hace con los tradicionales de PUSC. Así que, nuevamente, el terreno se hace pantanoso.
Ahora bien, si a la segunda ronda llegara doña Claudia o don Álvaro enfrentando a doña Laura, el panorama también cambiaría de forma importante. Ambos podrían recoger votos de muchos sectores distintos. No de todos, claro, porque sus partidos también generan anticuerpos en ciertos grupos, pero sí los suficientes —según este análisis— para ganar la Presidencia de la República.
Dicho de otra manera: si doña Laura no logra ganar en primera ronda, y todo apunta a que así sería, sus posibilidades de ganar la elección completa se reducen considerablemente.
Eso abre un escenario que muchos no están viendo con claridad: hay muchísimas probabilidades de que el continuismo no continúe.
No porque exista una figura salvadora, ni porque el país se haya puesto de acuerdo mágicamente, sino porque la matemática electoral, los equilibrios de segunda ronda y el cansancio acumulado en distintos sectores podrían converger en una decisión distinta.
Este no es un llamado al optimismo ingenuo ni al triunfalismo. Es, simplemente, una invitación a leer el momento con más calma, menos miedo y más información. A entender que la democracia tiene mecanismos, tiempos y contrapesos que a veces se mueven de manera menos dramática de lo que parece en redes sociales.
Seguimos en un momento delicado, sí. Pero no estamos condenados. Y eso, ya de por sí, es una noticia que merece ser pensada con serenidad.
Hay, sin embargo, otro escenario que vale la pena considerar y que suele subestimarse: que el abstencionismo se reduzca de manera considerable y que muchas personas —que hoy no están en el radar de nadie— decidan salir a votar. Si eso ocurre, el mapa cambia.
Ese grupo de votantes nuevos no necesariamente se concentraría en Laura Fernández, quien, según este mismo análisis, ya tendría bastante claros los votos que va a obtener. Es decir, no pareciera ser ahí donde estaría el crecimiento.
En un escenario de mayor participación, esos votos inesperados podrían dispersarse en otras candidaturas, modificar los porcentajes y generar un resultado que hoy algunos consideran poco probable: que doña Laura no gane en primera ronda, e incluso que quede fuera del pase directo.
No sería magia ni sorpresa inexplicable. Sería, simplemente, el efecto de una ciudadanía que decide involucrarse más de lo que las proyecciones tradicionales anticipan.
Este escenario recuerda algo fundamental: las elecciones no se definen solo por quién tiene una base sólida, sino también por quién logra activar a quienes suelen quedarse al margen. Cuando más gente participa, las certezas se vuelven menos rígidas y los márgenes se mueven.
Nada de esto es una predicción. Es una lectura posible. Una invitación a no dar nada por sentado y a entender que, en democracia, el comportamiento colectivo todavía tiene la capacidad de sorprender.
Y tal vez ahí esté una de las claves de este momento: no tanto en cambiar de nombre, sino en cambiar de actitud frente a la participación.
El escenario legislativo: donde realmente se define el poder.
Veamos ahora el tema de los diputados, que muchas veces se vota sin el mismo nivel de conciencia, aunque ahí se juegue una parte enorme del poder real.
Quienes desean el continuismo, casi en su totalidad, votarán también por diputados del continuismo. Incluso cuando esos candidatos estén fuertemente cuestionados en lo legal o en lo ético. Para ese electorado, las causas abiertas suelen verse como simples trámites, asuntos menores o persecuciones que se pueden obviar. Desde esa lógica, es razonable asumir que el continuismo obtendrá una cantidad importante de curules en la Asamblea Legislativa.
Y ahí el panorama se pone delicado.
Del otro lado de la barrera están quienes dicen querer conservar la democracia y votan por candidaturas presidenciales que no representan el continuismo, como Claudia o Álvaro. Si esas personas también entregan su voto legislativo a diputados alineados con esos mismos proyectos, el resultado dependerá totalmente de quién gane la Presidencia.
Si ese candidato alternativo gana la elección presidencial, tendrá un respaldo fuerte en la Asamblea Legislativa, lo cual facilitaría gobernar. Pero si pierde, y quien gana es Laura Fernández, esos mismos diputados —por razones políticas bastante obvias— podrían terminar alineándose con el gobierno de turno, dándole los votos necesarios para impulsar cambios profundos que tal vez, y solo tal vez, no deberían hacerse sin mayores contrapesos.
Ahí es donde entra otro escenario que algunos analistas consideran estratégico.
Si las personas que desean votar por Claudia, Álvaro o Juan Carlos Hidalgo deciden quebrar el voto legislativo y otorgarlo al Frente Amplio, el equilibrio cambia de manera significativa. Según estos expertos, el Frente Amplio no sería una alternativa fuerte para la Presidencia —y yo no puedo refutar eso, porque no he tenido la oportunidad de conocer personalmente a Ariel—, pero sí ha demostrado algo distinto en la Asamblea Legislativa.
En ese escenario, aunque el partido de gobierno continúe cuatro años más, la Asamblea quedaría más resguardada. Y hasta ahora, nadie puede negar que los diputados del Frente Amplio han hecho una defensa consistente de la institucionalidad, con una ventaja adicional: no arrastran escándalos ni “cola que les majen”.
Eso no significa que sean perfectos, ni que deban ser idealizados. Significa, simplemente, que han cumplido un rol de contrapeso que hoy resulta clave.
En cuanto a Juan Carlos Hidalgo, considero que es una muy buena opción presidencial, y Abril Gordienko también lo es como diputada del Partido Unidad Social Cristiana. A ambos los recomiendo a nivel personal, por lo que representan y transmiten. Sin embargo, no se puede ignorar que muchos diputados del PUSC cargan con la sombra del trabajo deplorable realizado por quienes hoy ocupan curules en la Asamblea Legislativa, y eso pesa en la percepción y en la confianza.
Todo esto lleva a una conclusión sencilla pero incómoda: la elección no se define solo en Zapote. Se define, y muchas veces se decide, en Cuesta de Moras. Y ahí, más que nombres, lo que importa es el equilibrio.
Antes de cerrar, vale decir algo con total claridad. Este análisis no es una predicción, no es una lectura oficial, no es mi posición personal y, mucho menos, es la posición de Apacigua tu ser interior. No estoy anunciando resultados ni jugando a adivino. Lo único que hago es recoger conversaciones, impresiones y lecturas de personas que saben de política, de Estado y de procesos electorales, y traerlas aquí con honestidad y sin maquillaje.
No hay línea partidaria detrás de esto. No hay intención de inducir decisiones. Hay, simplemente, ganas de compartir lo que se escucha en distintos sectores, para que cada uno piense, cuestione y decida por su cuenta.
O dicho en palabras más simples, más ticas y más honestas: esto es puro chisme… pero chisme informado.
Y, aun así, en democracia, a veces escuchar el chisme correcto también ayuda a no caminar a ciegas.
Para terminar, mi recomendación es sencilla: no te quedes solo viendo el partido.
Y tal vez ni siquiera sea tan necesario mirar el partido como tal. Mirá a la persona. Mirá al candidato o a la candidata. Mirá su plan de gobierno, aun sabiendo que podrá cumplirse o no, porque eso también forma parte de la realidad política.
Pero, sobre todo, pon atención a algo que muchas veces se pasa por alto: la fórmula.
Quién lo acompaña. De dónde vienen. Y, especialmente, hacia dónde van.
Esa última pregunta es clave.
Porque ese “hacia dónde van” no es un viaje en solitario. Es con nosotros de la mano. Es con el país entero caminando detrás. Y ojalá sea hacia un gobierno democrático, dispuesto a ejercer el poder con responsabilidad y, llegado el momento, a entregarlo en cuatro años, sin berrinches, sin atajos y sin intentos de quedarse para proteger inmunidades.
