Arroz y frijoles: cuando la discusión llega al plato de todos los días

Hay discusiones que pueden parecer lejanas hasta que uno las pone sobre la mesa. Literalmente sobre la mesa. Podemos hablar de tratados comerciales, aranceles, protocolos, mercados internacionales y negociaciones durante horas, pero todo cambia cuando pensamos en algo tan sencillo como un plato de arroz y frijoles. Para nosotros no son productos abstractos. Son parte de nuestra alimentación cotidiana, de nuestra cocina y de una costumbre que atraviesa generaciones. Y precisamente por eso creo que vale la pena mirar con cuidado qué está pasando con su producción dentro del país, mucho antes de convertir cualquier decisión comercial en una discusión de ganadores y perdedores.

Costa Rica sigue produciendo ambos alimentos, pero la situación no es igual para los dos. Los datos oficiales muestran que la producción nacional de arroz cayó de 151.018 toneladas en 2021 a 64.214 toneladas en 2024. El propio boletín estadístico agropecuario de SEPSA relaciona esa caída, entre otros factores, con la reducción arancelaria, cambios en la fijación de precios y el rendimiento de los sistemas productivos nacionales. En el mismo período, la producción de frijol se mantuvo mucho más estable según esa serie, aunque los datos más recientes del INEC muestran que continúa siendo una producción relativamente pequeña frente al tamaño del consumo nacional.

Eso no significa que mañana vaya a desaparecer el arroz costarricense ni que el frijol nacional esté condenado. Tampoco sería correcto atribuir cualquier cambio futuro automáticamente al Acuerdo Transpacífico. Costa Rica apenas concluyó sustancialmente en mayo de 2026 las negociaciones para incorporarse al CPTPP, y todavía deben completarse jurídicamente las condiciones del Protocolo de Incorporación antes de su firma y posterior trámite legislativo. Comex Pero justamente porque todavía estamos en una etapa en la que corresponde analizar esas condiciones, me parece razonable preguntarnos qué queremos conservar cuando hablamos de alimentos tan fundamentales.

El arroz ofrece además una lección que no deberíamos ignorar. Cuando cambian las condiciones comerciales, la producción nacional puede reaccionar. No necesariamente desaparece de un día para otro; puede disminuir progresivamente, reducir área cultivada, perder productores o concentrarse en menos regiones. Los datos del INEC muestran que la producción arrocera se concentra principalmente en las regiones Chorotega, Pacífico Central y Brunca. INEC Por eso, detrás de una cifra nacional hay territorios, familias, empleo y conocimiento productivo. Cuando hablamos de arroz no hablamos solamente de lo que cuesta una bolsa en el supermercado.

Con los frijoles sucede algo parecido. Podemos importarlos y de hecho forman parte del comercio internacional del país, pero todavía hay productores costarricenses sembrándolos. Entonces la pregunta no debería ser simplemente si una tonelada importada puede llegar más barata. Debería ser también cuánto queremos conservar de nuestra propia capacidad productiva, qué condiciones necesitan quienes todavía siembran y cuál es el punto en que la dependencia externa comienza a convertirse en una vulnerabilidad para un alimento que forma parte habitual de nuestra dieta.

No estoy planteando que Costa Rica tenga que producir absolutamente todo el arroz y todos los frijoles que consume. Esa sería otra discusión y requeriría analizar costos, tierra disponible, productividad, agua y muchas otras variables. Lo que sí creo es que estos productos merecen una conversación distinta a la de cualquier mercancía. Si una computadora, un automóvil o un electrodoméstico deja de fabricarse aquí, podemos discutir sus efectos económicos. Pero cuando hablamos de alimentos básicos, además de economía estamos hablando de abastecimiento y de capacidad productiva.

Por eso me gustaría que, cuando conozcamos las condiciones definitivas relacionadas con el agro dentro de la incorporación al CPTPP, no nos quedemos únicamente con frases generales sobre apertura de mercados. Quiero saber qué cambia para el arroz, qué cambia para el frijol, en qué plazos, en qué condiciones y qué valoración hicieron las autoridades sobre la producción nacional existente. Esa información importa porque las políticas comerciales terminan aterrizando en productos concretos.

Y quizá pocas cosas sean más concretas para un costarricense que sentarse frente a un plato de arroz y frijoles. Ahí deja de ser una conversación lejana. Ahí estamos hablando de nuestra comida.

Vinicio Jarquín

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