Bendita Costa Rica

Costa Rica ha sido, desde siempre, una tierra libre, democrática, pacífica y profundamente bendecida. No por casualidad, no por suerte ciega, sino por una combinación rara de historia, decisiones colectivas y una vocación profunda por la convivencia. Has visto cómo este país ha sabido mantenerse en pie frente a las inclemencias del tiempo, los huracanes, los terremotos y las pruebas que, una y otra vez, parecían demasiado grandes para un territorio tan pequeño.

Y, aun así, aquí seguimos.

Hoy la amenaza no viene de afuera. No es un fenómeno natural ni una fuerza extranjera la que pone a prueba a Costa Rica. Esta vez el sacudón nace desde adentro, alimentado incluso por personas que alguna vez sentiste cercanas, parte de este nosotros, parte del mismo tejido social. Eso duele más. Confunde más. Asusta más. Pero no define el final de la historia.

Este momento que estás viviendo —este trance incómodo, tenso, incluso angustiante— no es el destino del país. Es una etapa. Es un pasaje oscuro que no cancela todo lo que Costa Rica ha construido ni todo lo que todavía es capaz de sostener. La democracia, la libertad y la institucionalidad pueden ser sacudidas, erosionadas, puestas en riesgo, pero no se derrumban con facilidad cuando hay conciencia y amor por lo común.

Vas a salir adelante. Este país va a salir adelante. No desde la arrogancia ni desde la fuerza bruta, sino desde algo mucho más profundo. Hoy, cuando parece que quedan pocas herramientas visibles, hay una que sigue intacta y es suficiente: la bendición de Dios. No como consigna, no como excusa, sino como esa fuerza silenciosa que ha acompañado a Costa Rica en los momentos más improbables y que vuelve a sostenerla cuando todo parece frágil.

Defender a Costa Rica hoy no es un acto de odio ni de confrontación. Es un acto de amor. Es pensar en los hijos, en los nietos, en los amigos, en los primos, en los vecinos y en todos los que vienen detrás. Es cuidar la casa común para que siga siendo un lugar donde se pueda disentir sin miedo, votar sin amenazas y convivir sin violencia.

Por eso trabajas. Por eso te esfuerzas. Por eso no te rendís.

No para ganar una pelea, sino para preservar una forma de vivir que vale la pena. La Costa Rica libre, democrática y humana no es una nostalgia del pasado; es una responsabilidad del presente. Y se va a lograr.

Bendita sea Costa Rica por siempre. La que resiste, la que cuida, la que aprende, la que se levanta. La Costa Rica que, incluso en los momentos más duros, recuerda quién es y decide seguir siéndolo.

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