
Hoy fue un día interesante, lleno de pequeñas tareas que, al final, se sintieron mucho más grandes de lo que parecían a simple vista. Me levanté temprano, con una lista de cosas que hacer, pero con una tarea en particular en mente: comprar candelas. Quería algo especial, algo que pudiera transformar con mis manos y darle un significado más profundo.
Fui a comprar las candelas, y cuando volví a casa, me dediqué a pintarlas. Una de ellas quedó completamente lista. Y no es solo que quedó lista, es que quedó hermosa, la más bonita de todas. Esa candela será un obsequio para mi amiga Paola, y no podría estar más feliz de que ella la reciba. Mañana la veré, porque es el día en que celebraremos mi cumpleaños número 60 en su casa.
Es curioso cómo la vida nos sorprende. Este año, mi cumpleaños había sido cancelado. Inicialmente, iba a tener una fiesta, pero todo se detuvo por la trágica defunción del hermano de Luífer, mi pareja. Había aceptado la idea de que este año no habría celebración, y estaba bien con ello. O eso creía. Pero Paola, en su infinita generosidad, decidió organizar la fiesta para mí. En su casa. Y, aunque no esperaba tener ninguna fiesta este año, ella ha reunido a varios amigos cercanos para que celebremos juntos. Me emociona profundamente, no solo por la fiesta en sí, sino por lo que representa: una muestra de cariño, de amistad, y de la importancia de las personas que están a nuestro lado.
No es común que alguien organice una fiesta de cumpleaños para mí. Solo lo han hecho tres personas en mi vida de adulto: Luífer, mi hermana Vilma y mi hermano Norman. Son momentos que siempre he atesorado porque vienen de personas que significan el mundo para mí. Y ahora, Paola se une a esa lista, y no puedo evitar sentir una inmensa gratitud. Gratitud porque cuando creí que este año pasaría sin mayor celebración, ella se encargó de darme algo más que una fiesta: me dio la sensación de ser profundamente valorado.
Después de haber comprado las candelas, regresé a casa y me sumergí en el trabajo. Fue un día sin pausa, de esos que avanzan sin darte un momento para detenerte. A pesar de todo, no hice siesta, como normalmente lo hago. Decidí aprovechar la energía del día y organizar un poco el taller de arte, un espacio que siempre me da calma y me recuerda por qué amo lo que hago.
La candela que terminé es especial. No solo porque es hermosa, sino porque lleva consigo un pedazo de mí, de lo que he creado con mis manos y mi corazón. Es un reflejo de lo que quiero compartir con Paola mañana, en agradecimiento por todo lo que ha hecho por mí. Ella ya tiene muchas de las cosas que he hecho a lo largo de los años, pero esta candela será un símbolo de esta celebración inesperada y tan profundamente apreciada.
Ya es pasada la medianoche mientras escribo esto, y mañana será un día lleno de actividades. Pero antes de eso, me voy a dormir, con la mente llena de pensamientos, emociones y anticipación por lo que está por venir.
Reflexión final:
Hoy fue un recordatorio de lo inesperado, de cómo la vida nos sorprende incluso cuando creemos que ya no lo hará. Estaba resignado a que este año no habría fiesta de cumpleaños. Y, sin embargo, aquí estoy, con una celebración por delante, organizada por una amiga que ha mostrado más cariño y generosidad de lo que podría haber esperado.
A veces, la vida te da lo que no sabías que necesitabas. Paola no solo me dio una fiesta, me dio una sensación de pertenencia, de ser importante para aquellos que me rodean. Y eso, para mí, es lo más hermoso de todo.