Carta a cafetaleros

Cafetaleros,

Vos sabés que el café no admite atajos. Sabés que una buena cosecha empieza mucho antes del grano, en la tierra cuidada, en la sombra bien pensada, en la paciencia de esperar el tiempo correcto. Sabés que no todo año es bueno y que hay decisiones que se pagan caro si se toman a la ligera. Por eso tu trabajo siempre ha sido de largo plazo, de constancia y de responsabilidad.

Has visto cómo el café ha sostenido comunidades enteras, cómo ha dado identidad, empleo y orgullo a generaciones. También has visto cómo, poco a poco, se ha ido haciendo más cuesta arriba producir, cómo los precios no siempre reconocen el esfuerzo, cómo los insumos suben y el margen se achica. Y mientras eso pasa, el entorno también se deteriora: escuelas rurales con menos recursos, puestos de salud más lejanos, y una inseguridad que antes no formaba parte de la rutina del cafetal.

Vos sabés que cuando una zona cafetalera pierde escuela, pierde relevo. Cuando la salud se debilita, el trabajo se vuelve más riesgoso. Cuando la seguridad falla, la tranquilidad del campo se rompe. Eso no es una queja, es una realidad que vivís todos los días, mientras seguís produciendo y sosteniendo lo que otros dan por sentado.

Desde tu experiencia, entendés que el café necesita estabilidad, reglas claras y un país que funcione. No se puede planificar una finca en medio de la improvisación, ni sostener una familia cuando las instituciones que deberían acompañar el trabajo rural se debilitan. Vos sabés que la democracia, igual que el café, se cuida con constancia, no con discursos bonitos.

Esta no es una carta para idealizar el pasado ni para prometerte soluciones mágicas. Es para reconocer que vos tenés criterio, memoria y claridad. Sabés cuándo un proceso va bien y cuándo se está descuidando. Sabés que insistir en lo mismo, esperando resultados distintos, termina agotando la tierra y a la gente.

Este primero de febrero, tu voto es una decisión tan consciente como las que tomás cada cosecha. No votás solo por un nombre, votás por un país donde producir siga teniendo sentido, donde haya educación para que los hijos se queden si quieren, salud para cuidar a quienes trabajan el cafetal y seguridad para vivir sin miedo.

Vos sabés esperar el momento justo para cortar el grano maduro. Hoy, también sabés que hay decisiones que no se pueden seguir posponiendo. Y esta es una de ellas.

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