Claro que sí. Continuismo.
Porque continuismo no es solo seguir con la misma persona, sino seguir con lo mismo, igual, de la misma manera y sin cuestionar demasiado.
Así que, para decir con orgullo que queremos el continuismo, primero hay que tener claro qué es exactamente lo que queremos que continúe. En mi caso, por ejemplo, digo sí al continuismo porque estoy totalmente de acuerdo con tener menos becas del programa Avancemos. Ya eran demasiadas. Qué alivio que este gobierno decidiera reducirlas. Al fin y al cabo, ¿para qué tantos jóvenes estudiando si igual después se ponen a pensar?
Además, esa plata que se ahorran puede usarse mejor. Ya sea para que las arcas del Estado se vean más llenitas en los discursos, o para gastos discrecionales. Y yo confío en mi gente. Confío plenamente en que, aunque no rindan cuentas claras, sabrán usar bien esos recursos. La fe es importante.
Y por favor, que no venga el fiscal ni el Ministerio Público a pedir explicaciones. ¿Quiénes se creen? Si todos sabemos que son corruptos, que los pusieron don Pepe y Calderón Guardia hace décadas, y que todo lo malo viene de ahí. Mucho mejor que nadie pregunte nada. Preguntar es incómodo.
Por eso vamos a votar por el continuismo. Y temprano. Muy tempranito. Para poner a la nueva presidenta y, de paso, acomodar con ella todas las figuras clave en la Presidencia. Porque nosotros sí podemos nombrar gente en puestos importantes, aunque pasemos quejándonos de los nombramientos que hicieron otros. No es contradicción: es coherencia selectiva.
Y ya que estamos, pongamos 62 diputados en la Asamblea Legislativa. Así podemos cambiar la Constitución sin tanta habladera. Y de paso permitir que este mismo presidente se quede varios períodos seguidos, porque cuando algo funciona tan “bien”, ¿para qué cambiarlo?
Eso sí, todo siempre en nombre de la democracia. ¡Viva la democracia!
Sarcasmo