Cuando decides cómo empieza lo que apenas inicia

Ya se han instalado los nuevos diputados en la Asamblea Legislativa. Cincuenta y siete hombres y mujeres que llegan con historias distintas, con convicciones propias, con formas de ver el país que no siempre coinciden entre sí, pero que, de una u otra manera, están ahí con la intención —al menos eso quiero creer— de hacer su mejor trabajo. Y ojalá que ese trabajo esté guiado por valores que no solo respondan a intereses particulares, sino que logren alinearse con algo más amplio, con ese bien mayor del que tanto se habla, pero que tan difícil es sostener en la práctica.

Lo cierto es que, si te detenés a pensarlo con honestidad, ni ellos mismos saben cuál va a ser el resultado de su paso por el Legislativo. No lo saben hoy, en este primer día, cuando todo apenas empieza a tomar forma. Y si ellos no lo saben, mucho menos nosotros, que observamos desde afuera, muchas veces cargados de expectativas, de prejuicios, de experiencias pasadas que inevitablemente influyen en la forma en que miramos lo que viene.

Y ahí es donde aparece una tentación muy conocida.

La de juzgar antes de tiempo. La de etiquetar desde el primer momento. La de atacar, criticar, incluso insultar, como si eso tuviera algún efecto positivo en lo que está por construirse. Pero si lo miras con un poco más de calma, te das cuenta de que no hay nada ahí que realmente aporte. No mejora el trabajo de ellos, no mejora el ambiente del país, y definitivamente no te mejora a vos.

Por eso hoy, desde este espacio, la invitación es otra.

No a ignorar lo que pase, no a dejar de observar, no a renunciar al criterio. La invitación es a elegir el punto de partida. A decidir desde dónde querés acompañar este proceso que apenas comienza. Porque aunque no tengas un cargo, aunque no estés dentro de ese edificio, sí tienes algo que influye más de lo que parece: tu forma de expresarte, tu manera de reaccionar, el tono que eliges para participar en la conversación.

¿Qué pasaría si, en lugar de empezar desde la crítica automática, eliges empezar desde la intención?

No como ingenuidad, sino como una decisión consciente.

Enviar luz no es una frase vacía. Es una forma de posicionarte. Es elegir desear que las cosas salgan bien, no desde la pasividad, sino desde la claridad de que un país se construye también desde lo que se sostiene emocionalmente en su gente. Desearles a esos diputados que hagan un buen trabajo no te quita criterio, no te vuelve menos crítico, no te hace perder tu capacidad de señalar cuando sea necesario. Pero sí cambia el punto de partida.

Y eso importa.

Porque lo que empieza desde el ataque, normalmente termina en lo mismo. Pero lo que empieza desde una intención más elevada, aunque después tenga momentos difíciles, al menos abre una posibilidad distinta.

Hoy todo está empezando.

Y tal vez lo más valioso que podés hacer no es adelantarte al resultado, sino cuidar cómo decides entrar en este proceso. Desde la esperanza, desde el amor por la patria, desde ese deseo genuino de que, esta vez, las cosas puedan hacerse mejor.

No porque alguien te lo garantice.

Sino porque tú elegiste empezar así.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio