Cuando empezó esta campaña, en tono jocoso, muchas veces dije que el primero de febrero Rodrigo Chaves y yo nos íbamos a quedar sin trabajo. Yo sabía que él seguía hasta el primero de mayo, claro, pero me refería a otra cosa: a que, llegado ese día, ya habría un presidente electo y, por lo tanto, él dejaba de “hacer campaña” y yo daba por terminado mi esfuerzo con Apacigua tu ser interior. Era una broma. De esas que uno dice livianamente, sin medir demasiado lo que viene después.
La campaña de Apacigua continúa, él sigue siendo presidente y yo sigo escribiendo. Hasta ahí, todo bien. Lo que nunca medí fue lo que iba a sentir cuando el ruido bajara.
Sé que muchos de ustedes —y yo también— estamos viviendo una especie de luto por los resultados. Es normal. Pero no imaginé que, junto con eso, vendría el desprendimiento. Esta tarde me sentí un poco triste al notar que mucha gente cerró su Facebook, que otros dejaron de revisar redes, que los “me gusta”, los compartidos y las lecturas bajaron a menos del diez por ciento. De pronto, una desolación suave, no dramática, pero real.
Porque aunque muchos de ustedes se sienten acompañados por mí, yo también me siento acompañado por ustedes. Y no es lo mismo ver miles de interacciones que vernos pocos. Está bien, así funcionan las cosas, así tiene que ser. Pero queda esa sensación rara: el reconocimiento en la calle, los saludos, el cariño visible… y cómo todo eso baja de un momento a otro.
No fue una tristeza profunda. Fue más bien una toma de conciencia.
Y pensando en eso, esta tarde me hice una pregunta que me cambió el eje: ¿cómo se sentirán los candidatos y candidatas que trabajaron infinitamente más que yo? Los que invirtieron años, dinero, energía, ilusiones, planes de gobierno, equipos completos, gente a su cargo. Los que tenían proyectos claros y la esperanza genuina de llevar este país a un mejor lugar.
Escuché a una candidata a la vicepresidencia llorando mientras contaba que recordaba los nombres de muchas personas de las comunidades que visitó. Personas a las que les prometió que, si llegaba, iba a trabajar por esas zonas, por esos pueblos. Y ahora, de pronto, ver que todo se terminó. Que no hubo segunda oportunidad. Que quedó en nada.
Ahí sentí que mi propia desolación era pequeña. Casi egoísta. No se compara en nada con lo que deben estar sintiendo quienes apostaron tanto y pusieron tanto de sí. Mis ganas eran grandes, sí, y también deseaba que ganara una opción democrática. Pero el fin principal de mi campaña era apaciguar a quienes pudiera. Y en eso, honestamente, me siento satisfecho.
No sé si ellos se sienten así. No sé si están tranquilos, frustrados, tristes, sorprendidos o simplemente agotados. No lo sé. Pero sí sé algo: merecen un agradecimiento profundo.
Por eso hoy pongo mi propio dolor a un lado y quiero agradecer, de corazón, a cada persona que se postuló para un cargo público con la intención honesta de ayudar a este país. A quienes caminaron comunidades, escucharon historias, hicieron promesas desde el deseo genuino de mejorar la vida de otros. A quienes hoy tal vez están tristes, desorientados, des apaciguados en sus casas, pensando qué hacer durante los próximos cuatro años.
Para mí es distinto. Yo, entre comillas, puedo apagar y seguir. Para ustedes no es así. Y eso merece respeto.
Gracias por el esfuerzo. Gracias por la entrega. Gracias por creer que Costa Rica puede estar mejor.
Un abrazo sincero.
Yo soy Vinicio Jarquín. Y esto es Apacigua tu ser interior.
